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Editorial

Terrenos ferroviarios


 Por La Tribuna

Fue desde mediados de los 70 cuando la actividad ferroviaria languideció de manera ostensible. Decisiones de las autoridades durante la dictadura militar le fueron restando importancia un medio de transporte que fue fundamental para conectar a un país de una muy particular geografía.
Ya en las décadas siguientes, cientos de estaciones se fueron cerrando y miles de kilómetros de líneas ferroviarias se levantaron de manera definitiva. Las estaciones de Huépil, Trupán, Polcura que eran parte de un gigantesco proyecto de conexión con Argentina, por el paso Pichachén, fueron de las primeras en desaparecer. También sucedió con Santa Bárbara y todas sus estaciones intermedias, como Cuñibal y Llano Blanco. Algo similar aconteció en Negrete. En 1996, la estación de Los Ángeles corrió una suerte similar, poniendo fin a más de 120 años de aporte al progreso de la zona.
Los intentos por reactivar en Coigüe el transporte de pasajeros por tren en los inicios de ese nuevo siglo, fracasaron de manera estrepitosa. Después de dos años de habilitar la estación en esa localidad, la idea fue desechada y nunca más se volvió a intentar algo así. Solo sigue en pie el tramo denominado Corto Laja, que realiza el trayecto entre esa ciudad y Talcahuano, un precioso viaje por la ribera norte del río Biobío que ahora será mejorado de manera sustantiva con el arribo de nuevas y modernas máquinas de fabricación china.
En este proceso de varias décadas son decenas de estaciones y cientos de kilómetros de líneas férreas que quedaron abandonadas, como un recuerdo de la época de esplendor del sistema ferroviario nacional. En nuestra provincia de Biobío, son decenas de terrenos en esa condición.
Sin embargo, pese a tratarse de sitios entregados al olvido y la desidia, poco y nada se puede hacer con ellos. Una muestra es lo que ocurre con la faja ferroviaria que parte en la planta Iansa con la salida a Nacimiento y llega hasta Los Carrera. Hace más de 12 años que se viene solicitando su entrega para habilitar una nueva vía que ayude descongestionar la circulación vehicular por la calle Los Carrera.
Sin embargo, la iniciativa se encuentra con la negativa de la Empresa de Ferrocarriles del Estado (EFE), a través de su subsidiaria Invia. Pese a que autoridades de distinto signo político han golpeado las puertas de la compañía estatal para buscar opciones que ayuden a resolver esa situación, poco y nada se avanza.
Incluso, en años anteriores, retirar un simple disco Pare en una línea férrea que ya no existía fue motivo de todo tipo de acciones y gestiones para darle fluidez a la circulación en ese tramo de la ciudad.
Aunque los municipios – con el fin de resolver problemas habitacionales acuciantes – han procurado la cesión de los terrenos a título gratuito o, en último término, la compra de algunas secciones, la respuesta es la misma: no. En las fajas ferroviarias se han instalado familias a vivir, como es el caso de Llano Blanco.
El punto es que la gran mayoría de esos lotes no volverán a ser usados por ferrocarriles. Si alguna vez se retoma dicho servicio, lo más probable es que sea solo una línea matriz, sin ramales. Por lo mismo, no parece razonable que EFE se obstine con esos terrenos que pueden volver a tener un uso, pero esta vez para fines habitacionales o de espacios recreativos. No pueden seguir existiendo esos verdaderos lunares negros. La comunidad los necesita.

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