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Editorial

Sequía


 Por La Tribuna

No hay que ser un observador muy entrenado para darse cuenta que, nuevamente, estamos enfrentados a un año que será seco, con lluvias escasas y concentradas en un par de meses del año. El hecho no es novedad. Así viene ocurriendo hace más de una década.

Las últimas lluvias fueron durante el primer fin de semana de mayo pero apenas no superaron los seis milímetros, suficiente para dejar una sutil capa de humedad en el suelo. Precipitaciones demasiado escasas (31,6 ml.) para lo que debiera estar sucediendo en el quinto mes del año en que ya debieran haber precipitado más de 100 ml. En la provincia de Biobío predomina el clima mediterráneo, lo que significa que el 80% de  las precipitaciones se concentran durante parte del otoño y el invierno, es decir, entre tres o cuatro meses.

La Dirección Meteorológica de Chile, en su último boletín de Pronóstico Subestacional y Estacional para el periodo mayo, junio y julio, apuntó a que el fenómeno climático de La Niña oficialmente se ha ido, lo que genera altos niveles de incertidumbre en la predicción de las precipitaciones, aunque generalmente tiende a la menor frecuencia de sistemas frontales y lluvias a lo largo del año.

En el caso específico de Los Ángeles, la entidad estima que las precipitaciones acumuladas para el referido trimestre muestran altas probabilidades de registrar condiciones normales a bajo lo normal, entre la Región de Valparaíso y la provincia de Osorno en la Región de Los Lagos.

Una condición “Normal a Bajo lo Normal” implica que durante el trimestre, “cualquiera de las dos categorías se puede presentar, lo que significa que las lluvias acumuladas oscilarán entre el rango bajo lo normal o el rango normal, siendo altamente probable que precipite menos del límite superior de lo normal”.

En el caso de la capital provincial, esto se traduce en que entre los 501.7 y 683.2 mm  que debieran llover en estos tres meses, las precipitaciones estén por debajo del piso de la estadística.

El director regional de la Dirección General de Aguas (DGA), Andrés Esparza, ha corroborado la aguda ausencia de precipitaciones hasta la fecha, manteniendo una tendencia similar a lo observado de la última década.

A su juicio, “esto refleja un panorama cada vez más complejo en la época de verano donde una menor disponibilidad del recurso y un aumento en su demanda para consumo humano y riego nos obligan, como Estado, a tomar las medidas para minimizar en lo posible los impactos ambientales y socioeconómicos que genera este desbalance en la oferta y demanda”.

Por lo mismo, desde la autoridad es muy relevante acentuar la labor relativa a los planes estratégicos de cuenca, partiendo por la cuenca del río Biobío, y las prospecciones y mapeos de acuíferos subterráneos. A lo anterior, debiera sumarse la política regional hídrica para englobar y complementar las iniciativas sectoriales en la materia, a través de la conservación y recuperación de los ecosistemas productores de agua, fomentando la infraestructura para el consumo humano y el saneamiento, el riego campesino de subsistencia, la diversificación de las fuentes de agua y apuntando a la eficiencia en el uso para el riesgo productivo con el fin de reducir los conflictos por acceso y propender a la seguridad hídrica regional. De esta manera, será posible hacer frente a una realidad que se instaló, aparentemente de manera definitiva en la zona.

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