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Editorial

Adultos mayores


 Por La Tribuna

Más de 3 mil adultos mayores de 75 años viven solos en la comuna de Los Ángeles, la mayoría de ellos en condición de pobreza. Ese dato, por sí solo, da cuenta de una realidad cruda y brutal que habría permanecido oculta en los entresijos de las estadísticas, en la frialdad de los números, de la oculta distancia de los promedios. Sin embargo, el inicio de la pandemia del coronavirus ha permitido dar luz a la penumbra en la que ha vivido por muchos años este grupo de personas, de hombres y mujeres, que justamente son los más expuestos para sufrir los embates fatales de la enfermedad.

De ahí que desde el pasado 13 de mayo, a partir de las instrucciones entregadas por el Ministerio de Salud, todas las personas mayores de 75 años deben mantener cuarentena obligatoria debido a que son parte del denominado grupo de riesgo. De esa forma, se espera que los adultos mayores rehúyan del virus causante del coronavirus.

Las cifras mencionadas al principio corresponden a la información disponible por la Dirección de Desarrollo Comunitario (Dideco) de Los Ángeles, que actualizó los datos tomados en 2017 durante la realización del censo nacional de vivienda y población. Ahí se verificó que 9 mil personas tienen más de 75 años de edad y de ese total, 3 mil viven solas.

De ahí que desde esa repartición municipal se indicara que las estrategias de intervención están especialmente orientadas a ese sector de la población, a través de la entrega de ayuda para que puedan resolver sus necesidades más urgentes.

Por lo pronto, se precisó que dicha acción se llevará a cabo con la Dirección Comunal de Salud con el fin de concentrar esfuerzos para entregar las ayudas y, a la vez, proporcionarles sus medicamentos.

La acción se concilia con lo indicado por Luis Arratia, presidente de la Unión Comunal de Clubes Adultos Mayores “Santa María de Los Ángeles”, quien pidió focalizar la labor de los organismos públicos hacia ese sector de la población, especialmente a quienes viven solos en los sectores rurales.

Incluso, su llamado era aún mayor al exhortar a las organizaciones sociales, como juntas de vecinos y clubes deportivos para ponerse de acuerdo y ayudar a quienes se encuentran en esa condición.

Bajo la cáscara del crecimiento económico, de ser parte de una zona pujante y desarrollada en que los luminosos candiles de un futuro esplendoroso parecen opacar esta realidad que se mantiene en oculta, en la trastienda, encerrada en una casa fría y precaria.

Porque hablamos de personas. Fueron trabajadoras, empleados. Fueron profesionales, artesanos y maestros chasquilla. Laboraron en supermercados y panaderías. Fueron profesores, nanas y lustrabotas. Obreros, peones y médicos.

Todos ellos dejaron su vida y su alma para ser lo que somos. Lo que ahora podemos exhibir con orgullo como ciudad y como provincia, fue levantado por ellos, por los mayores, con esfuerzo, con sacrificio, con dedicación. A ellos, a cada una de ellos, a esos hombres y mujeres con nombre, apellido y domicilio conocido, deben ser parte de nuestra mayor preocupación e interés para que sigan junto a nosotros, para seguirles reconociendo que gracias a nuestros adultos mayores es que somos lo que somos.

Especial Coronavirus

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