martes 15 de octubre, 2019

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Editorial

Respeto con elástico


 Por La Tribuna

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Según el diccionario, el concepto viene del latín respectus, “atención” o “consideración”, y es la consideración y valoración especial que se le tiene a alguien o a algo al que se le reconoce valor social o especial diferencia.Un concepto cada vez más difícil de aplicar y vivir, el respeto, que si se hila más fino, no puede ser accionado solo, sino más bien dentro de un conjunto de valores fundamentales en la sociedad, como la libertad, empatía, honestidad, entre otros cuantos.

Esta semana todo Chile fue testigo, apoyó, condenó o simplemente opinó sobre lo sucedido en un reconocido show musical y que fue protagonizado por una banda punk en contra de figuras del partido gremialista. Eso sucedió el fin de semana en Santiago, situación que se viralizó rápidamente y trajo diversas declaraciones.

Al día siguiente, en pleno corazón de la ciudad de Los Ángeles –provincia de Biobío– sucedió algo parecido que llamó poderosamente la atención en términos comunicacionales. Diario La Tribuna publicó una información que señalaba la postura de una placa conmemorativa por el fallecimiento de Jaime Guzmán.

El alcance de la publicación fue impresionante, aunque más impactante fue el nivel de violencia de los comentarios que incitaban a la destrucción de la placa, acciones desproporcionadas respecto a lo que efectivamente sería la influencia de ese monolito en la vida de los ciudadanos angelinos.

Tanta fue la presión que el grupo de militantes decidió sacar el elemento con el fin de evitar lamentar daños. Si nos detenemos solo en el hecho y extrapolamos la situación, es decir, la desmarcamos de tendencias políticas, es realmente preocupante observar cómo la alienación que provocan las redes sociales puede llegar a presentar un efecto tan castrante en términos de libertad de expresión. Insistimos, más allá de las tendencias políticas, el respeto y la flexibilidad deben andar de la mano dentro de la sociedad, sobre todo en estos tiempos en que todos los ciudadanos nos merecemos y nos hemos ganado el derecho a la opinión y, más valioso aún, a estar en desacuerdo y poder expresarlo pero sin dañar al otro. Los tiempos en que la lucha por las ideas políticas se imponían con sangre y a la fuerza ya pasó, y fueron muchos los que se sacrificaron para que hoy podamos disfrutar de una democracia pacífica.

Es momento de que todos los actores políticos sepan llamar a la calma y diseñar una buena forma para comunicar ideas basada en el respeto, porque si no, el esfuerzo y el sacrificio de los que vinieron antes de nosotros no habrá valido la pena.

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