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Editorial

Ley de Acceso Universal

En el ámbito educacional también hemos visto esfuerzos, con edificios que han acatado las normativas y se han modernizado.


 Por La Tribuna

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El 4 de marzo del 2016, con la promulgación del Decreto Supremo 50 de Accesibilidad Universal, que modifica la Ordenanza General de Urbanismo y Construcción del Ministerio de Vivienda, se estableció un plazo de tres años  para que todos los edificios, públicos y privados, tuvieran ciertas características de accesibilidad. 

Este reglamento regula los estándares de diseño y construcción en Chile, dando cumplimiento a la Ley N° 20.422 sobre Igualdad de Oportunidades e Inclusión Social de Personas con Discapacidad para que todas las personas, independiente de su condición, puedan tener acceso a las instituciones del estado y particulares.   Una medida que sin duda es un compromiso no sólo con las personas con capacidades diferentes, sino también con adultos mayores y con la comunidad en general.

Si bien, la inclusión como tema tiene más deudas pendientes que saldadas lo cierto que la provincia ha avanzado, eso no se puede desconocer, tal vez no con la rapidez que algunos esperan pero si en acceso al menos a emblemáticos servicios.

Un icono si de falta de accesibilidad se hablaba era por ejemplo, las ex oficinas del Registro Civil, ubicadas frente a la Plaza de Armas, en un segundo piso y sin la capacidad en ocasiones de prestar la atención necesaria a personas con discapacidad o personas imposibilitadas de ingresar por aquella escalera.  Esto quedó atrás, fue un compromiso y se cumplió, hoy se cuenta con una moderna construcción (primer piso) en calle Freire que permite el acceso universal. Lo propio hizo la municipalidad con su nuevo edificio y también, algunas empresas como Mall Plaza que si bien siempre ha contado con los accesos habilitados, hoy está con una fuerte campaña de uso preferente del ascensor.   En el ámbito educacional también hemos visto esfuerzos, con edificios que han acatado las normativas y se han modernizado.  Destacable también el esfuerzo de muchos jardines infantiles de la ciudad, que acogiendo la norma amplió sus recintos, adecuaron puertas de acceso y se prepararon para recibir, desde la cuna, a niños y niñas con capacidades diferentes.  Otros tantos se han adaptado de acuerdo a sus posibilidades para mejorar en temas de atención.

Falta mucho, sin duda, sobre todo en la parte vial y accesos en algunos comercios; y también en comunas aledañas, el avance es más bien centralizado. Pero existen normativas que cumplir y plazos establecidos, tenemos conciencia que es necesario y han surgido proyectos que apuntan a la Inclusión, eso es lo positivo; porque al igual que todos los grandes avances sociales, esto es un tema cultural y es responsabilidad de todos y todas.  Los balances a tres años los realizarán seguramente las autoridades pertinentes y se informará lo pendiente.

Sigamos avanzando.

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