miércoles 16 de octubre, 2019

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Editorial

Hace 13 años se dio marcha al error

Miren el sistema de transporte de la provincia, ¿se puede usted imaginar lo que sería una inyección de recursos del 10% de todo lo que se han gastado en el Transantiago?


 Por Cristian Delgadillo Rosales

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Un día como hoy 22 de octubre de 2005, se puso en marcha en la región metropolitana un plan que meses más tarde se transformaría en un caos, que incluso hasta estos días, sólo ha sido un gasto para el Estado. Su nombre es Transantiago. Precisamente en una mañana como esta, las empresas ganadoras de las licitaciones tomaron control de las tradicionales máquinas amarillas, que posteriormente en febrero de 2007, bajo el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, cambiaron totalmente sus recorridos, sus colores y, por supuesto, la vida de las personas, pero para mal.

Este tema se aborda año a año, no sólo en las universidades de Chile, sino también del extranjero, como una de las políticas públicas peor aplicadas de la historia de nuestro país.

¿Qué nos puede importar a nosotros como provincia de Biobío esta situación? Pues mucho.

El Transantiago tiene un costo para el Estado de 125 millones de dólares al año. Es decir, $82.750.000.000 (ochenta y dos mil setecientos cincuenta millones de pesos). Es más, desde 2010 que entró en vigencia una ley de subsidio, los recursos han superado los 864 millones de dólares, algo así como 571.968.000.000 (quinientos setenta y un mil novecientos sesenta y ocho millones de pesos).

Con ese dinero, por ejemplo, se podría haber pavimentado 5.719 kilómetros de caminos rurales de la provincia de Biobío.

También se podrían haber construido más de 635 proyectos de agua potable rural, terminando con la demanda de agua en camiones aljibe que hoy afectan a miles de personas.

Imagínese que se podría haber construido en regiones tres mega hospitales de alta complejidad de más de 123 mil metros cuadrados, con al menos 45 boxes de consulta, 24 boxes de urgencia, 16 boxes dentales, 18 pabellones y 671 camas.

Lo peor de todo es que el sistema de transportes sigue dejando multimillonarias pérdidas cada año. Es un fracaso por donde se le mire y que afecta al bolsillo de todos los chilenos, pues los impuestos se utilizan para aquello y sus tarifas por pasajero siguen por las nubes.

Quizás a los gobiernos les resulte más fácil postergar el tema para que otros se hagan cargo y dejar que esa ley de subsidio se haga eterna. No pareciera que a nadie le interesara realmente que ese plan de transporte funcionara como corresponde y que, además, se autofinancie.

A veces cuesta pensar que todo ese dinero sale de todos, desde el trabajador más humilde del país, desde el niño que se compra un caramelo hasta el empresario más grande. Ese dinero lo aportamos nosotros para engrandecer nuestro territorio, pero no para botarlo o despilfarrarlo.

Miren el sistema de transporte de la provincia, ¿se puede usted imaginar lo que sería una inyección de recursos del 10% de todo lo que se han gastado en el Transantiago?

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