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Editorial

Bienvenidas estudiantiles y la venda en los ojos

Ese respeto por lo ajeno, es lo mínimo que deben tener incorporados los alumnos y el cuerpo académico. Si se parte mal de ahí, no nos asombremos por los escándalos como el ocurrido en el Liceo Comercial.


 Por La Tribuna

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Llega el mes de marzo y miles de estudiantes de la provincia retoman sus clases, ya sea en las escuelas, liceos, colegios, institutos y universidades. Todos se reencuentran con sus amigos o hacen nuevas relaciones.

Sin embargo, quienes tocan la peor parte muchas veces, son los alumnos nuevos. A ellos se les hace pasar por acciones muy vejatorias, discriminatorias o claramente violentas, mientras las autoridades académicas lo miran prácticamente como una humorada señalando que todo es parte de una tradición.

El día de ayer, todo Chile se enteró por los medios de comunicación del ritual de bienvenida llamado “carnereo” del Liceo Comercial, en donde la “actividad” terminó en una verdadera batalla campal y con dos jóvenes lesionados, una de ellas trasladada al hospital.

Tras el hecho, el director, en vez de salir a condenar los actos, en sus dichos, pareciera que los sale a justificar y a bajarles el perfil. Esa no es la actitud que se espera del líder de un establecimiento. Si no lo cree, busque la declaración en la nota de Chilevisión Noticias.

Realmente la disciplina al interior de los establecimientos es algo que se ha ido de las manos en los últimos años. Es fácil y común ver a alumnos irrespetuosos con los profesores o con la autoridad académica que no pueden ser sancionados debido a la flexibilidad y la tolerancia que otorga el sistema. En muchos casos, mal llamada inclusión. Una cosa son las oportunidades de acceso y otra es hacer lo que se quiera al interior de las aulas.

El problema es que en materia de educación, los gobiernos hablan mucho de avanzar hacia esta equidad, sin embargo, para todos es sabido que el concepto de calidad sigue fuera de la discusión y como consecuencia, se termina nivelando para abajo, académicamente y disciplinariamente.

Las bienvenidas estudiantiles no pueden ser sinónimo de maltrato, de violencia, de abuso, de destrucción de la ropa o uniforme. Detrás de cada prenda del vestuario o útiles escolares, hay una familia que no le ha sido fácil poder comprarlos y que probablemente estará varios meses pagando las cuotas. Ese respeto por lo ajeno, es lo mínimo que deben tener incorporados los alumnos y el cuerpo académico. Si se parte mal de ahí, no nos asombremos por los escándalos como el ocurrido en el Liceo Comercial.

Ahora, lo que queda es trabajar con la comunidad escolar y dialogar con los jóvenes para que analicen su comportamiento imprudente, pero, por otro lado, la dirección del establecimiento e incluso el DAEM municipal, tiene que tomar un rol mucho más estricto para evitar que los padres, que depositan su confianza en la educación pública, tengan que ver como sus hijos son expuestos al riesgo por “juegos de niños”.

Esto, no puede volver a ocurrir. Alguien debe poner orden.

 

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