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Editorial

La fiebre de los uniformes

Cada vez que finaliza una etapa, se inicia –rápidamente- otra. Y tras la Navidad, no llegan los artículos veraniegos, sino que algo que se puede transformar, incluso, en un dolor de cabeza.


 Por La Tribuna

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Para iniciar con un ejemplo, sólo recordar qué fue lo que pasó tras las Fiestas Patrias. Cuando estaba todo decorado con nuestras festividades, únicamente pasaron unos días para que todo se transformase en una escenografía de Halloween. Y, claro, luego, todo sería dedicado a la Navidad y, quizá, al Año Nuevo.

Siempre sucede lo mismo, y casi nunca se puede descansar en cuanto al comercio. Cada una de las épocas –dentro de un año- tiene fechas puntuales que cada negocio aprovecha para incrementar sus ventas.

Por ahora, y a pesar que no hace mucho que los estudiantes salieron del colegio o liceo, se puede apreciar en algunos locales, que ya se está instalando en los mostradores la ropa escolar. ¿Desagradable? Evidentemente.

Todo el mundo espera las vacaciones para poder descansar, pero quién lo puede lograr, si en cada momento bombardean con algunos deberes que aún no comienzan, y que adicionalmente resta a lo menos un mes para que se dé el vamos.

Las vacaciones son para disfrutar, y sí, los útiles escolares, los uniformes, los típicos zapatos negros, se deben comprar en estas fechas, pero probablemente en el mes de febrero, y puede ser –tal vez- en la segunda quincena.

Usted puede decir que a nadie se le obliga a comprar ahora tales elementos, pero cuando los principales lugares comerciales de la comuna están enfocados sólo en eso; es más, cuando algunas personas tienen entre sus panoramas estos espacios debido a que no existen mayores recursos para poder salir a otras localidades, entonces tiene sentido que nos preocupemos de ellos.

No es justo que ‘atormenten’ a las personas con las compras, ofertones del momento, que obliguen a escapar de una u otra forma, ahora, se entiende.

Tampoco es necesario apuntar con el dedo al comercio por hacer su trabajo, es necesario aclarar que el punto no es contra los comerciantes, sino que es el reflejo de una sensación generalizada, que por años ha rondado a cada familia, y que a pesar de no manifestar nada, quedan con el mal sabor de tener que aceptar esta etapa.

Finalmente, al asumir que esto será de todos los años, se termina accediendo a comprar –incluso- antes de salir de vacaciones, como para estar tranquilos en familia, sin tener que pensar en que al llegar del paseo, se tiene que ir a comprar el uniforme y los útiles escolares. Quizá, esa es la principal razón por la cual se compra con anticipación.

También es válido pensar que algunos, en su afán de cumplir con la ‘misión’ todos los años, se agolpen antes a los locales para evitar las largas colas que habrá el próximo mes. 

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