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Editorial

Robo de plantas: delincuencia hasta en lo más mínimo

No podemos seguir tolerando conductas de habitantes mediocres, que con el afán de evitar el trabajo regular que realiza cada chileno de este país, se dedican a perjudicar a todo su entorno, sin pensar en la consecuencia de sus actos.


 Por La Tribuna

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La ciudad de Los Ángeles ha sido fuertemente criticada en los últimos años por sus áreas verdes. De ahí que el municipio tomó la decisión de hacerse cargo del conflicto y hoy, hay que reconocer que hay avances considerables en materia de mantención de los jardines. Basta caminar por avenida Ricardo Vicuña, sor Vicenta o las plazas para notar el cambio.

Hay aun observaciones en las cuales avanzar, como las podas, que en muchos casos parecen mutilaciones indiscriminadas de las especies arbóreas, pero no podemos olvidar que todo se ha logrado con mucho esfuerzo.

Por esta razón resulta inaceptable el ilícito que se puso de moda en las últimas semanas, relacionado con el robo de plantas en distintos puntos de la ciudad. Tanto en lugares públicos como privados, las personas han tenido que observar como individuos inconscientes, se llevan las especies con mucha facilidad. Claro, quién va a denunciar un hecho de estas características.

En este sentido, se requiere del trabajo de toda la ciudadanía y no sólo de los organismos pertinentes o las policías. Generalmente estas plantas van a la reventa y son adquiridas en el mercado informal por otras personas, muchas veces a sabiendas de su procedencia.

Ante este hecho se necesita de una participación social, que permita terminar con este absurdo. Cada flor presente en nuestras calles, busca aportar a la armonía del paisaje, a generar espacios verdes y belleza, por lo tanto, quienes se han entretenido en esta nueva conducta delictual, sencillamente no tienen criterio, no saben que dañan la misma ciudad en la que viven.

Por esta razón es que todos quienes observen esto deben denunciar inmediatamente. Asimismo, la conducta normal de las personas debe ser comprar en el mercado formal, autorizado, donde se trabaja bajo los parámetros de la ley y la honestidad.

No podemos seguir tolerando conductas de habitantes mediocres, que con el afán de evitar el trabajo regular, como el que realiza cada chileno de este país, se dediquen a perjudicar a todo su entorno, sin pensar en la consecuencia de sus actos.

 

 


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