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Editorial

Radiografía de un ciudadano común

Es necesario tener un poco de amor por el país para condenar, sancionar y castigar -al menos ética y electoralmente- a quienes abusan de la confianza de su gente.


 Por La Tribuna

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El ciudadano común se levanta todos los días cerca de las 7 de la mañana para ir a trabajar. Algunos pasan a dejar a sus hijos al colegio y luego llegan a sus oficinas o faenas. En esos pequeños mundos, la preocupación principal es obtener, al finalizar el mes, un sueldo que les permita satisfacer las necesidades de su grupo familiar y darse en ocasiones algún momento de esparcimiento.

Pese a tener una repercusión directa en su calidad de vida, algo invisible para muchos es lo que ocurre en las altas esferas políticas y económicas, donde se toman decisiones o se cometen actos que dañan la sociedad. Un chileno común medianamente informado se molesta. Las tecnologías le permiten tomar su teléfono móvil para desahogarse en el mundo de los 140 caracteres.

Pero las cosas van más allá.

Una mala decisión en la política puede involucrar cesantía, un acto de corrupción o de mal comportamiento político. El caso Penta, el caso del hijo de Michelle Bachelet o la llamada Arista SQM ensucian la imagen de todo un país, pero el ciudadano común sólo se molesta y sigue con su vida. Como ya mencionábamos, su objetivo en la vida está alejado de estas discusiones, porque cree que esas truhanerías no le afectan directamente.

La persona sencilla se olvida rápido que las farmacias se coludieron en 2008 para manejar el precio de los medicamentos en detrimento de todo un país cada día más hipocondriaco. Se rallaron paredes, se hizo un circo mediático, pero no bajaron las ventas de esos artículos. La comunidad no castigó a las compañías farmacéuticas. Ninguna cerró a raíz del escándalo.

En mayo de 2014, el Tribunal de la Libre Competencia decidió sancionar a las empresas Agrosuper S.A., Ariztia S.A. y Don Pollo Limitada con multas que alcanzan los US$ 60 millones, también por colusión. Hasta ahora no hubo efecto negativo alguno en las ventas de sus productos. Es más, los pollos faenados siguen estando entre los alimentos más consumidos por los chilenos.

Así, la historia ha dejado en el olvido muchos escándalos que han destruido la imagen nacional. Entre ellos destacan los casos Mop Gate, Pinocheques, Inverlink, Publicam, Chispas, Coimas y una larga lista que no vale la pena seguir recordando.

Pero, bueno, el ciudadano común lo observa desde la tribuna, rendido antes de la guerra, y nada hace.

Es necesario tener un poco de amor por el país para condenar, sancionar y castigar -al menos ética y electoralmente- a quienes abusan de la confianza de su gente.    

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