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Editorial

Cuidado: la provincia podría estar en riesgo

El conflicto social con los mapuches, a pesar de los ataques, pareciera estar en un proceso de negociación estable en la zona, aunque está claro que los grupos radicales ya tienen puestos sus ojos en


 Por La Tribuna

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La situación del conflicto mapuche en La Araucanía ha sido un tema que ningún gobierno ha podido frenar. Es más, algunas manos negras se han aprovechado de la Conadi para ver en ella un negocio rentable más que el fin de ayudar a solucionar el problema de tierras.

Lo cierto es que la situación en esa zona ha generado demasiados temores en la provincia de Bío Bío, porque pareciera que, poco a poco, el conflicto se está tomando las comunas de este territorio.

Una serie de ataques incendiarios a predios privados, maquinaria forestal y a la fundación Pehuén en Alto Bío Bío han causado el temor de la población y, por otro lado, han agudizado un conflicto que hasta ahora no era tan complejo en la zona.

Algunos sectores políticos solicitaron al subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy, que se decrete un estado de excepción en La Araucanía, con el fin de aplicar medidas más duras para enfrentar las decenas de atentados que han vivido los transportistas, agricultores y empresas forestales.

Desde el Gobierno la respuesta ha sido clara y se ha señalado que lo que ocurre no da para este tipo de acciones que, según indican, sólo se han aplicado en tiempos de dictadura.

Si bien es cierto que en los meses de verano son habituales los hechos fortuitos que -producto de las temperaturas o los descuidos- provocan los incendios forestales, también es verdad que las autoridades no se pueden poner una venda en los ojos con lo que está ocurriendo.

En la provincia de Bío Bío, el conflicto social con los mapuches, a pesar de los ataques, pareciera estar en un proceso de negociación estable en la zona, aunque está claro que los grupos radicales ya tienen puestos sus ojos en este territorio, porque en La Araucanía pareciera que el tema ya no vende.

Si a esto se le suma la burocrática compra del fundo Queuco de Alto Bío Bío, que ningún gobierno ha podido solucionar, claramente existe una olla a presión que en cualquier momento puede estallar.

Junto con ello, las políticas sociales implementadas por el nivel central, incluyendo la consulta indígena, son algunas de las puertas que podrían apaciguar el movimiento. Sin embargo, hay grupos extremistas que jamás quedarán conformes, porque, para ellos, los chilenos siempre serán los usurpadores.

Hay que buscar un equilibrio, porque Chile necesita de sus antepasados y su cultura; y los pueblos originarios, por su parte, requieren de políticas sociales que los ayuden a superar las condiciones de vulnerabilidad en que se encuentran, porque, en definitiva, estamos frente a una simbiosis, a saber, uno no puede vivir sin el otro. 

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