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A dos décadas del brutal crimen del pediatra en la villa España

Cuando la empleada abrió la puerta y se encontró con el dantesco escenario del crimen, se comenzó a escribir el relato de un crimen sin razón ni sentido que se llevó la vida de un profesional de la salud.


 Por Juvenal Rivera

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En la historia criminológica de Los Ángeles tiene varios casos que son parte de la memoria colectiva. 

Hay dos casos que son emblemáticos y que se retoman a algunas décadas antes. Uno de ellos es es brutal asesinato de las profesoras en Cuñibal (camino a Santa Bárbara) cometido en diciembre de 1966 por dos hombres (uno de ellos un ex alumno), o la bestial muerte de una madre, una abuela y un niño a manos de Yolanda Campos, una mujer de solo 19 años que las emprendió en contra de sus víctimas en una lluviosa noche del 17 de noviembre de 1978.

En la historia de los hechos policiales más recientes están varios hechos de similar o peor gravedad. Sin embargo, uno de los que quedó en el recuerdo más permanente tuvo lugar en la calurosa noche del 20 de diciembre del año 2001, hace prácticamente dos décadas, en un tranquilo vecindario del sector nororiente de la ciudad de Los Ángeles.

La víctima fue el reconocido pediatra Ricardo Valenzuela Cabrera, de 40 años, que había llegado algunos años antes a la ciudad proveniente de la ciudad de Valdivia.

HECHOS

Lo sucedido durante la noche de ese día en la vivienda signada con el número 0660 de la avenida Almirante Latorre, en el corazón de la villa España, solo se empezó a develar en la mañana del día siguiente.

A eso de las nueve de la mañana, la empleada de la casa llegó a la vivienda para cumplir con las labores de aseo, como lo hacía a diario. 

Sin embargo, al subir al segundo piso, en el dormitorio principal, se encontró con un cuadro horroroso. Sobre la cama y completamente ensangrentado, yacía el cuerpo del profesional que cumplía funciones en la unidad de neonatología del hospital base “Dr. Víctor Ríos Ruiz” de esta ciudad.

A media mañana del viernes 21 de diciembre del año 2001, comenzaron a surgir las primeras informaciones que trascendieron a los medios de prensa. A poco andar, decenas de personas se arremolinaban en torno a la vivienda de la villa España, todo debidamente controlado por efectivos de Carabineros.

Valenzuela presentaba una veintena de puñaladas en el pecho, espalda y brazos. También tenía cortes en los antebrazos, señal inequívoca de que intentó defenderse de su atacante. 

Sin embargo, la intensa hemorragia y los daños severos en órganos vitales le terminaron costando la vida. Como si fuera poco, le fueron robadas diversas especies de valor, como dinero, relojes y teléfonos.

El médico, que estudió en la Universidad Austral de Valdivia, había llegado a Los Ángeles en 1995 después de realizar la beca de especialización en pediatría en Concepción. Debido a la exigua presencia de ese tipo de especialistas en la zona, rápidamente se hizo de un nombre con una consulta que solía estar atiborrada de madres con sus hijos pequeños. Además, se caracterizaba por su trato cordial y atento. 

De ahí que su asesinato conmocionara a la ciudad y se tejiera todo tipo de conjeturas para explicar un crimen tan violento.

No pasaron muchos días antes que se capturara al responsable del asesinato. Las pistas encontradas en la misma vivienda del médico, como una agenda de teléfonos, además del registro de llamadas, condujeron la investigación hacia un sospechoso: Nolberto Eduardo Ulloa Quezada, de 20 años en ese tiempo. 

El tipo era cobrador de buses pero, justo horas después del homicidio, se embarcó rumbo a la región Metropolitana, aparentemente para desaparecer en el tráfago de la megalópolis. 

Sin embargo, en la capital fue ubicado y detenido por los efectivos policiales que lo trasladaron ante el juez Carlos Muñoz, magistrado del Tercer Juzgado del Crimen de Los Ángeles. El hombre rápidamente admitió la autoría del crimen. En la investigación estableció que el vínculo entre ambos se inició cuando el médico requirió de los servicios sexuales de Ulloa. Por un par de años mantuvieron contactos esporádicos que tuvieron un trágico desenlace en la madrugada de ese 20 de noviembre.

Al cabo, la justicia lo condenó a un total de 20 años de cárcel. Parte de esa condena (15 años y un día) es por el delito de robo con homicidio y la otra (cinco años y un día) por falsificar instrumento privado mercantil.

El caso tuvo eco en los medios nacionales. En el programa “Mea Culpa”, el exitoso espacio televisivo del periodista Carlos Pinto que recreaba hechos policiales de alta connotación pública del país, le dedicó uno de sus capítulos al crimen perpetrado en contra del médico Ricardo Valenzuela.

Como era habitual, en dicho programa se cerró con una entrevista al criminal. Y así sucedió, no sin antes advertir que el perfil psicológico de Nolberto Ulloa Quezada era característico de un hombre frío y manipulador con características psicopáticas, además de mitómano. 

En la emisión de mediados de 2014 en pantalla el asesino confeso de Ricardo Valenzuela entregó detalles del vínculo entre ambos, asegurando que fue engatusado e, incluso, acosado por el profesional. Admitió el pago por favores sexuales. Sin embargo, no tuvo palabras de perdón o arrepentimiento para la familia de la víctima.

A casi 20 años del perpetrado el homicidio, su responsable se encuentra en libertad por el cumplimiento de su condena mientras que en la memoria colectiva local permanece el recuerdo del pediatra asesinado esa jornada de diciembre.

Link video: https://www.youtube.com/watch?v=Car2ZwLLnqE

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