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A sus 76 años profesora normalista sigue enseñando por amor a la docencia en Mulchén

Tras una vida ligada a la educación no tan solo en el ámbito pedagógico sino que también social, Mirta Palma Rojas compartió con diario La Tribuna su historia de vida.


 Por Juan Villalobos

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En la actualidad muchos chilenos no conocen qué es un profesor o profesora normalista, hoy los educadores se forman en universidades o institutos superiores. Y los normalistas, están sólo en el recuerdo de los que ya avanzan a las puertas de su tercera o cuarta edad.

Para poder enseñar en las escuelas de Chile, antiguamente era necesario estudiar en la Escuela Normal de Preceptores, en el caso de los hombres, y en la Escuela Normal de Preceptoras, en el caso de las mujeres.

Como esta escuela de enseñanza tenía el nombre “Normal”, las profesoras y los profesores allí educados eran conocidos como “normalistas”.

Niñas y niños de Chile fueron educados por profesores “normalistas” por más de 100 años, desde el año 1842 hasta 1974.

Quizás muchos abuelos y abuelas hoy en día fueron educados por estos docentes.

Detallando el origen de estas instituciones, en el año 1842 se crearon escuelas normales en diversas regiones del país tales como Valdivia, Antofagasta, Copiapó, La Serena, Curicó, Talca, Victoria, Chillán, Angol, Ancud, Viña del Mar e Iquique -como anexo de la existente Normal de Antofagasta-.

Posteriormente en la década del 60 fue fundada una Escuela Normal Particular en Santiago, con el nombre del ilustre educador argentino, Domingo Faustino Sarmiento.

En este contexto podemos destacar la importancia de estos profesores en nuestro país, que no solo desarrollaban un rol pedagógico en las aulas, sino que también había un gran compromiso social, relativo a la cercanía con los alumnos y la formación de valores.

Diario La Tribuna conversó con Mirta Palma Rojas profesora de la escuela normalista que, a sus 76 años, se niega a dejar el aula y se encuentra activa enseñando en el Colegio Borderío de Mulchén.

Sus ojos han visto pasar todo un cambio generacional en la pedagogía, desde la pizarra de tiza, los tradicionales juegos en los recreos como saltar la cuerda, jugar al avión o el apostar canicas. Hasta la creciente implementación de la tecnología como pantallas digitales y una juventud que no se despega de las redes sociales.

Actualmente la “tía Mirta” como es cariñosamente reconocida por sus colegas se atrevió a afrontar el desafío de las clases remotas y a enseñar a través de una pantalla debido a la pandemia, sin embargo, esto bajo ninguna circunstancia, ha logrado desanimarla, al contrarío ha sido un punto de inflexión que la ha llenado de motivación para seguir aprendiendo algo nuevo día a día.

¿Cómo fue su primer acercamiento a la docencia?

La verdad no es algo que busqué, simplemente fue algo que se dio en su momento y me fue enamorando paulatinamente, yo estudiaba en un instituto que tenía esta rama formativa y simplemente me atreví.

Jamás me imaginé la satisfacción y felicidad que me iba a encontrar en la docencia día a día. Creo que realmente enseñar es lo más grande y lindo que uno puede hacer.

Para mí estar aún en actividad significa un gran proceso de aprendizaje, uno entrega mucho pero también recibe.

Comencé haciendo clases en el año 1967 la Escuela Carmen Arriarán la cual se encontraba a un costado del Estadio Nacional. Estaba a cargo en aquel entonces de un primer año, el cual con el tiempo cambió su modalidad y tomábamos de primer a octavo año.

Recuerdo con mucho cariño a todas estas primeras generaciones con las que trabajé, hoy en día gracias a las redes sociales sigo en contacto con ellos, incluso en una ocasión tuve que ir a Santiago, ya que mediante un canal de televisión, ellos me realizaron un homenaje.

¿Cómo se gesta su llegada a Mulchén?

En esas vueltas de la vida me vine a Mulchén en el año 2010, buscando un lugar tranquilo donde vivir, según mi percepción un pueblo pequeño te entrega un mejor estilo de vida. En contraste al que tenía en Santiago.

Y bueno antes de llegar a Mulchén mi viaje como docente igual tuvo pasos importantes y experiencias que valoro enormemente.

Estuve 10 años en Perú,  donde estuve  a cargo de varias instituciones, una de las que recuerdo con más emoción corresponde a una “toma” un lugar de muy escasos recursos emplazado en una zona desértica. Fui muy cercana a todos estos niños, los recuerdo con el cariño de una familia.

Mi periplo también continuó por establecimientos rurales donde puedo sacar en limpio, que amo la docencia como nunca pensé que lo haría.

Uno ve el crecimiento y todo lo que aporta a la vida de los niños.

Aprendí mucho de una familia chilena cuando estuve en Perú, uno siempre tiene nostalgia de su tierra y tampoco fue muy fácil estar sola allá al comienzo.

Con ellos aprendí que de cada lugar donde uno está siempre debe sacar lo mejor, creo que el país vecino fue una estupenda escuela para mi vida la verdad.

Logramos crear la base educativa donde una generación permitió culturizar ese lugar que siempre quedará en mi corazón.

¿La educación a través de los años ha cambiado mucho su rol y enfoque?

-Puedo decir con propiedad que jamás dejé a un niño castigado sin recreo porque si lo dejaba sin este espacio de esparcimiento yo también me tenía que quedar con él en la sala de clases y no podíamos jugar básquetbol por ejemplo ya que practicábamos juntos todos los deportes que puedan existir y si no había algún juego lo inventábamos.

Para mi gusto ser cercanos es la manera más sutil para conocer y llegar a los niños.

Algo que se ha ido perdiendo lamentablemente con el paso de los años.

Uno en la actualidad no ve a un profesor jugando con los niños en un recreo.

Y bueno si hago la comparación del proceso educativo antiguo con el de ahora, cada uno fue bueno en su época.

Sin embargo, nosotros teníamos más tiempo para estar con los niños, ahora debemos hacer más papeles, la parte administrativa es muy fuerte.

Siguiendo esta línea de evolución desde el ámbito docente este año en el colegio Borderío donde estoy trabajando en Mulchén, tengo 35 alumnos que se licenciarán de octavo básico, verlos crecer para mí es una gran emoción a esta altura de la vida.

Sin embargo, da mucha pena no poder realizar una licenciatura como se debe, debido a la contingencia sanitaria, uno espera una gran ceremonia seguida de una fiesta, pero lamentablemente esta vez el escenario que nos tocó es otro.

¿Qué ha significado trasladar su trabajo al mundo digital?

-Esto ha sido realmente muy fuerte para mí, en cada momento de la vida, uno debe ir enfrentando nuevos desafíos, pero lo que hemos tenido que vivir durante estos dos años ha sido más que estresante la verdad.

Uno no puede dimensionar las dificultades que han tenido los papás sobre todo en este nuevo modo de trabajo y por supuesto las que tenemos nosotros como profesores.

Nosotros sabemos a qué hora partimos, sin embargo no sabemos a qué hora termina la jornada de trabajo.

Conversamos harto con los niños y yo trato de nunca marcar el aspecto negativo, si no cumplen con sus tareas intento ser comprensiva con más plazos pero nunca ponerme severa, uno no sabe la realidad que hay al otro lado de la pantalla.

¿Qué le diría al mundo docente, desde su experiencia?

-Gracias a Dios a mis 76 años tengo vitalidad y buena la mente, además una activa capacidad de seguir aprendiendo, la tecnología ha sido un mundo nuevo para mí, yo me defendía con el computador ahora he tenido que aprender mucho para estar a la altura de los demás.

Me gustaría decirles a todos mis colegas que creo muchísimo en todo lo que cada uno de ellos puede aportar, que vale absolutamente la pena día a día, seguir recibiendo con cariño y con amor, a las nuevas generaciones de alumnos. Como profesores estamos formando todos juntos a los hombres y mujeres de un mañana no muy lejano.

CON MUCHO CARIÑO

Felipe quien se desempeña como kinesiólogo en el colegio Borderío de Mulchén durante los últimos años ha admirado la vocación de la profesora Mirta Palma, respecto a todo lo que ha podido aprender de ella. El profesional con mucho cariño aseveró que, “el entusiasmo que ella tiene a su edad me da un gran ejemplo a seguir, la pasión con la que llega a hacer sus clases y vivir para esto. Cualquier persona quisiera tener su vitalidad, siempre es muy entusiasta con apoderados y está preocupada en detalle de todo. La tía Mirta es un ejemplo para muchas personas”.

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