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La historia de los jóvenes que llevan los ritmos de la cueca urbana a la Plaza Pinto

Desde el 1 de septiembre del año pasado que se reúnen en ese lugar todos los martes para cantar y bailar nuestra danza nacional, aunque matizada con ese necesario aire juvenil de desparpajo y originalidad.


 Por Juvenal Rivera

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Empieza a refrescar la tarde y la Plaza Pinto se llena de personas. De hombres, mujeres y niños ocupan sus escaños, sus prados, cada uno de sus rincones. Los más pequeños pasean en autos que arriendan al señor del kiosco, por calle Lynch. Otros pasean en bicicleta. Otros tantos simplemente están en alguno de los asientos probando algún helado.

Desde que la comuna de Los Ángeles volvió a la fase 2 del plan Paso a Paso, la tradicional plaza –situada tres cuadras al sur de la principal– recibe también las distintas manifestaciones del arte callejero, especialmente de los malabaristas que hacen prueba de sus destrezas.

Sin embargo, desde el 1 de septiembre, en medio de la tupida floresta que ayuda a capear las jornadas de intenso calor de este verano 2021, un grupo de jóvenes que promedian poco más de 20 años se ha instalado en la plaza. Cerca del odeón o en algunos de los prados del entorno.

Pronto, sacan sus guitarras, acordeones y hasta violonchelos. Más allá hay unos cajones para tañar. En cuestión de minutos, los compases de las cuecas empiezan llenar el ambiente.

Pero no es la cueca huasa, esa que representa al mundo campesino. No ha vestidos de chinas ni hombres usando mantas, chaquetillas ni amplios sombreros.

Visten como quien viste todos los días. Jeans, poleras y zapatillas. Ropa cómoda. Lejos de los convencionalismos de la cueca tradicional, la que exige una indumentaria determinada.

Tan pronto como empiezan los acordes, empiezan a salir los bailarines al ruido. En sus bailes hay ritmo, intención y malicia.

Felipe Muñoz es uno de los participantes en esas citas cuequeras en la Plaza Pinto. Entre cada canción, se hace un tiempo para explicar por qué lo hacen.

Cuenta que la idea surgió de manera espontánea entre amigos, muchos de ellos muy jóvenes, algunos músicos con trayectoria y otros con afinidad por esta disciplina. Todos pero absolutamente todos amantes de la cueca, del canto y del baile. No están organizados de manera formal o legal, es puro empeño y ganas. La mayoría es de Los Ángeles, aunque otros viajan desde Nacimiento o Concepción o Valparaíso para participar.

Ese 1 de septiembre se reunieron en la Plaza Pinto. Y así lo han seguido haciendo cada martes, desde las 7 de la tarde en adelante o quizás un poco antes (con excepción del tiempo en que hubo cuarentena en la ciudad). Desde ahí en adelante se desata una fiesta que dura un poco de horas o hasta un poco más con cantos, bailes y una energía que parece inacabable.

“Sentíamos la necesidad de cantar cueca en el contexto informal. Hay grupos, hay un movimiento cuequero, urbano, callejero al que le gusta bailar y cantar para pasarlo bien”, cuenta.

“No es la cueca tradicional o huasa. Es una cueca abierta que se puede interpretar de la forma en como la sienta el músico. Más que estar preocupados de una forma y una norma, es hacerlo y disfrutarlo”, lo dice como una forma de improvisado manifiesto para explicar sus motivaciones.

En ese mismo tenor, añade: “la idea es prolongar esto, no solo para el 18, sino que haya cueca en Los Ángeles todo el año, todos los martes durante todas las semanas. Como dice un dicho cuequero, todos los meses tienen un 18 y nosotros estamos haciéndole uno a uno, tratamos de mantener la tradicional oral viva, semana tras semana”.

PORQUÉ LA PLAZA PINTO

¿Por qué escogieron la Plaza Pinto? “Porque es emblemática en Los Ángeles”, explica Felipe. Agrega: “acá se juntan malabaristas, muchas expresiones artísticas. En este lugar de reunión nosotros aportamos con un granito de música, aunque sea un día a la semana”.

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