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Pequeños comerciantes de Los Ángeles volvieron a protestar para pedir la apertura de sus locales

Representantes del rubro insisten en la petición de atender público en la víspera de la Navidad. De lo contrario, aseguran que muchas pymes quebrarán o cerrarán sus puertas de manera definitiva. Aseguran que la fuente de contagios no está en sus actividades, sino que en las juntas familiares.


 Por Juvenal Rivera

Protesta del comercio de Los Angeles (4)

El 2020 debe ser el peor año para el sector comercio de todos de los que se tenga recuerdo en las últimas décadas. Entre 1982 y 1983, la severa crisis económica nacional y el cierre de la planta Iansa – una de las principales actividades productivas – fueron la peor combinación. 

La tasa de desocupación se disparó al 25% y decenas de pequeños comercios debieron cerrar sus puertas por la brutal caída de las ventas. Otros tantos subsistieron a duras penas y tardaron años en recuperarse del impacto de la crisis que se produjo iniciando la década.

En este 2020, el panorama vuelve a repetirse. Aunque los niveles de cesantía han subido, aún están lejos de los vividos en los años ’80. Y pese a que la fábrica azucarera cerró sus operaciones en la capital provincial, ahora su impacto en la actividad económica es mucho más acotado, básicamente por la diversificación de los rubros productivos.

Sin embargo, la gran diferencia es que ahora hay un enemigo invisible al ojo humano: el virus Sars-Cov 2 que ha generado una ola de contagios que ha obligado a las autoridades sanitarias a tomar medidas de confinamiento sin precedentes, como la que comenzó a regir hace una semana en la comuna de Los Ángeles debido al explosivo aumento de pacientes desde noviembre en adelante. 

Con la cuarentena total, se restringió el funcionamiento solo a aquellos rubros considerados esenciales, como los que venden alimentos o medicamentos. Sin embargo, dentro de esa categoría no tienen oportunidades aquellas actividades que son propias del comercio que funciona en el centro de la capital provincial, como las boutiques, peluquerías, joyerías o los locales de insumos computacionales, sólo por mencionar algunos.

Los afectados son pequeños comerciantes que suelen pagar arriendos por los establecimientos (no son propietarios) y que, a lo sumo, contratan dos o tres personas para la atención. En estricto rigor, se trata de pequeños emprendimientos que son fundamentales para el engranaje productivo en cuanto, entre otros aspectos, a la generación de puestos de trabajo.

Para ese tipo de comercio, diciembre es el mejor mes para vender. La ganancia, que les otorga un alivio a los tiempos lentos de enero y febrero, se obtiene en el último mes del año.

De ahí que la aplicación de la cuarentena total en Los Ángeles, que se inició el 14 de diciembre, haya llegado en el peor momento posible, lo que permite vislumbrar un oscuro futuro para el sector.

Por eso, aún no se iniciaba la cuarentena cuando una docena de comerciantes se reunió en el paseo Ronald Ramm para reclamar por los efectos económicos de la cuarentena. Al par de días, entregaron sendas cartas al alcalde Esteban Krause y al gobernador Ignacio Fica para exponer la crítica situación del rubro y pedir la posibilidad de reabrir sus puertas a la atención de público.

Y ayer, con un grupo más numeroso – cercano al medio centenar – se manifestó en la Plaza de Armas para pedir a las autoridades que reconsideren la restricción de funcionamiento de los locales de las pymes.

Juan Cea, que ofició de vocero del grupo, reclamó por lo que consideró como trato desigual respecto de, por ejemplo, las grandes cadenas de supermercados que tienen atención a público, aunque mucho de lo que se venda no sea esencial.

“El pequeño comercio, con un aforo de no más de dos o tres personas, está cerrado pero las grandes empresas siguen abiertas y vendiendo de todo. Eso no es justo”, reclamó.

Como si fuera poco, antes que se decretara la cuarentena total, los comerciantes locales apostaron por recuperarse en diciembre con la compra de stock para vender en los días previos a la Navidad. Sin embargo, además de encontrar poca oferta y a precios mucho más alto que los habituales, la imposibilidad de abrir sus locales los tiene de brazos cruzados. “Nosotros nos estamos dando vueltas, a créditos, con toda la esperanzas de salvar el año en estas fechas pero a la autoridad parece no importarles lo que suceda con el comercio”, aseguró.

“EL COMERCIO NO ES RESPONSABLE DE LOS CONTAGIOS”

Juan Cea también sostuvo que “el pequeño comercio hoy en día no es responsable que hoy suban o bajen los contagios. El mismo seremi de Salud ha dicho que el 72% de los casos se debe a brotes familiares, no por visitar una tienda”.

El presidente de la Cámara de Comercio de Los Ángeles, Miguel Pezoa, se sumó a las inquietudes del comercio detallista local: “lo que hace la Autoridad Sanitaria es restringir la apertura de los negocios para no aumentar la tasa de infectados pero no es el comercio el que lo ocasiona. Son una serie de otras situaciones, como las fiestas familiares, reuniones clandestinas. No nos hagan responsables de lo que es producto de la irresponsabilidad de otros”.

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