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Entrega de recinto a municipio de Tucapel permitirá recuperar fuerte histórico

Luego que el Ministerio de Bienes Nacionales decidiera ceder en comodato el recinto que data de 1724, la corporación edilicia se comprometió a realizar un plan de más de 500 millones de pesos para revitalizar ese espacio patrimonial y convertirlo en un foco de atracción turística.


 Por Juvenal Rivera

91, seremi Abudoj y alcalde de tucapel firman acuerdo para traspado de Fuerte Tucapel

Durante muchas décadas, el fuerte de San Diego de la localidad de Tucapel estuvo entregado a los matorrales y el abandono. El recinto, testimonio de la presencia militar en la época colonial, tiene la condición de monumento histórico nacional.

Sin embargo, ni siquiera un letrero a la vera del camino principal refiere de su ubicación, mucho menos de alguna indicación que ilustre sobre su importancia histórica.

Es que para llegar hasta el recinto del fuerte se debe consultar con los vecinos de la localidad para saber el camino que conduce hacia ese lugar que corona una colina. Después, hay que abrirse paso entre los matorrales altos, en medio de basura de todo tipo, hasta llegar a una explanada.

En el centro, sólo queda un monolito instalado a principio de los años ’90 cuya parte superior hubo alguna vez un mapa del perímetro de la fortificación dibujado sobre una placa metálica repujada. Sin embargo, ahora solo queda la estructura granítica porque la placa fue robada por manos desconocidas.

Y justo cuando quedaban solo cuatro años para que se cumplan los 300 años desde que se emplazó la construcción en la ribera norte del río Laja, se produjo un hito que hará posible sacar de su estado de abandono al recinto histórico.

En la jornada de ayer se llevó a cabo la solemne ceremonia, en la que estuvieron presentes el alcalde de Tucapel, Jaime Veloso, y el seremi de Bienes Nacionales, Sebastián Abudoj, además de dirigentes y vecinos, el fuerte San Diego fue entregado en concesión a la Municipalidad.

A través de esta concesión otorgada por Bienes Nacionales, la Municipalidad ejecutará un proyecto de recuperación del recinto de 3,5 hectáreas que considera una inversión cercana a los 500 millones de pesos para recuperar su infraestructura, restaurarla, ponerle iluminación, placas y estructuras conmemorativas.

La primera autoridad comunal indicó que la conservación de un recinto de tanta importancia histórica contribuirá, no sólo a la preservación del patrimonio, sino que además favorecerá el turismo y emprendimiento en el territorio. La idea, precisó Veloso, es realizar visitas guiadas y giras escolares para que se aprenda sobre la importancia del emplazamiento hispano en la época colonial.

El seremi Abudoj, por su parte, indicó que con este comodato se cumple un compromiso con la comuna de Tucapel al poner la propiedad fiscal al servicio de la gente. “Ahora, el Municipio podrá generar un proyecto que permita aprovechar este recinto, generando oportunidades laborales y económicas, y además pondrá en valor la trascendencia histórica de este lugar”, comentó la autoridad regional.

300 AÑOS DE HISTORIA

De acuerdo a la información disponible en el sitio web del Consejo de Monumentos Nacionales, el fuerte de San Diego de Tucapel o Tucapel de Laja es una construcción defensiva que originalmente fue emplazada donde actualmente está la ciudad de Cañete.

Sin embargo, en 1724 fue trasladada a la zona precordillerana, en la margen norte del río Laja, para dominar una amplia extensión del valle del mismo nombre, a 18 leguas del Biobío y a 12 de Antuco. En sus inmediaciones se fundó el pueblo de Tucapel.

La decisión fue tomada por el gobernador Gabriel Cano de Aponte, a partir de los acuerdos del Parlamento General de ese mismo año.

Un plano del año 1758 lo muestra situado en una colina. Contaba con cuatro baluartes, foso y muros de cantería y barro. Poseía una guardia principal, cuarteles, casas para el comandante, el cura y los oficiales, iglesia, cocinas, casas para soldados y otras dependencias menores.

Un reconocimiento de 1762 lo describe como ruinoso. Sin embargo, dos años después, un plano lo muestra como un recinto regular, con sus cortinas, baluartes y fosos, y 21 edificios interiores que se asemejan al plano anterior.

Gabriel Guarda indica en su “Flandes Indiano: Fortificaciones el Reino de Chile” que para 1793 se encuentra rodeado de un foso profundo y con una nueva villa en sus cercanías. Los planos posteriores, señala, repiten el esquema pero con pequeñas variaciones. En 1796, 1798 y 1800, el fuerte se siguió refaccionando en sus construcciones y defensas.

En 1944, el recinto se traspasó a Carabineros de Chile por el Ministerio de Tierras y Colonización para que la institución se encargara de su mantención y administración.

El Fuerte fue declarado Monumento Histórico en 1972. Una prospección arqueológica realizada seis años más tarde en el lugar por un grupo de especialistas de la Universidad de Chile, confirmó que la planta de la fortificación tenía 173,2 metros por lado, equivalente a 200 varas castellanas; y que su iglesia era de 16,20 por 28,76 metros, con crucero. En la actualidad, sólo quedan ruinas.

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