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El medio siglo de existencia de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima

Con una procesión por tres sectores de la parroquia, que se llevará a cabo desde las 17,30 horas de este lunes, la comunidad católica celebrará los 50 años de la creación de la parroquia. El martes, a las 19,30 horas, será la misa de cierre presidida por el obispo Felipe Bacarreza.


 Por Juvenal Rivera

10-2, parroquia Fátima

La historia de la parroquia de Nuestra Señora de Fátima se inició en los años ’60 cuando un grupo de vecinos de la población Luis Dávila deciden forman una pequeña comunidad católica que se reúne para estudiar temas bíblicos y, sobre todo, para que se pudiese celebrar la misa.

Es que se debía resolver un asunto práctico. La parroquia que les correspondía era la San Francisco que, ciertamente, les quedaba un poco lejos.

En ese tiempo, la ciudad no llegaba más allá de calle Alcázar por el poniente. Si bien ya estaba operativa la planta Iansa, solo la población Dávila le confería un aspecto más urbano al vecindario. El resto de las casas eran por construcción propia que recién perfilaban ese sector de la capital provincial.

Pese a esas condiciones, los vecinos buscaban la manera de tener su fe de manera más cercana.

Por eso, el matrimonio formado por Víctor Soto y Filomena Valenzuela acogió a sus vecinos en su misma casa y ahí realizaron la primera misa, celebrada por los religiosos franciscanos Wenceslao Lizardo y Rafael del Piano.

En 1964, este mismo grupo, a instancias del padre Pablo de San Carlos, toman otra decisión trascendente: consagrar esta naciente comunidad a Nuestra Señora de Fátima. ¿Por qué? Porque el fuerte del grupo era la práctica del Rosario y la celebración del Mes de María. Fue así como, con la colaboración de todos, se adquirió la imagen de la Virgen, la misma que los acompaña hasta hoy en día.

A medida que se fue densificando el sector, lo que partió como un pequeño grupo fue paulatinamente creciendo en la cantidad de integrantes. La casa de la familia Soto Valenzuela se les hizo estrecha, por lo que otro matrimonio – de Porfirio Quintana y su esposa – habilitaron un galpón para celebrar el culto dominical y la catequesis, funcionando así durante tres años, aproximadamente.

Ese sostenido interés y participación fueron lo que les llevó a una conclusión: necesitaban establecerse en un lugar de manera definitiva. Por lo mismo, se arrendó un local ubicado en la calle Penitenciaría, que funcionó como una capilla. Sus gestores fueron Filomena Valenzuela y Helena Barrera (esta última dirigió cursos de Corte y confección y Peluquería para contribuir económicamente al adelanto de la comunidad).

La llegada de monseñor Orozimbo Fuenzalida como obispo de la Diócesis de Los Ángeles le dio nuevos bríos a la comunidad católica. Al ver el ánimo de la feligresía, no le dio más vueltas al asunto y anunció que la capilla se transformaría en parroquia.

Dicho y hecho. El 1 de agosto de ese mismo año se concretan las palabras del obispo y la parroquia se fundó por Decreto de Creación N° 156, firmado por el obispo Fuenzalida y el vicario general Hugo Narváez, también secretario canciller de la Diócesis Santa María de Los Ángeles.

Fue la primera comunidad parroquial surgida desde la creación de la Diócesis, hecho ocurrido recién el 20 de junio de 1959 por decisión del Papa Juan XXIII al escindirse de las Diócesis de Concepción y Temuco.

Ese mismo año, se designó al primer párroco de Nuestra Señora de Fátima que fue el padre Eloy Parra, proveniente de la ciudad de Chillán. Al año siguiente, el 13 de mayo de 1971, se celebró oficialmente la designación de Parroquia Nuestra Señora de Fátima, siendo bendecida por monseñor Orozimbo Fuenzalida, en una ceremonia que acompañó monseñor Eladio Vicuña, de Chillán y todos los sacerdotes de la Diócesis.

A medida que fueron pasando los distintos sacerdotes a cargo de la parroquia, el recinto se fue ampliando y mejorando. En paralelo, se expandió su ámbito de acción, creando capillas, cursillos de cristiandad y catequesis, entre otros.

TEMPLO PARROQUIAL

El templo parroquial está situado en la costado surponiente de la esquina de la calle Camilo Henríquez con la avenida Ricardo Vicuña, frente a la población Luis Dávila.

Su construcción actual es fruto de trabajo sostenido en este medio siglo de existencia. Sin embargo, el terreno tiene una muy singular y poco conocida historia.

Hasta 1964, el terreno era propiedad de la familia Arteche, relacionada con el padre Miguel Arteche, uno de los religiosos más recordados y apreciados en la parroquia San Miguel, en la primera mitad del siglo pasado.

Ese año fue comprado para llevar adelante un ambicioso proyecto para formar y educar a la juventud campesina. Se trató del Instituto de Educación Rural (IER), fundado en 1954 por Monseñor Rafael Larraín como una de las respuestas surgidas en la Iglesia Católica frente a las necesidades del mundo rural de ese tiempo.

En el caso de Los Ángeles, la iniciativa tuvo el apoyo de los Reyes de Bélgica que aportaron financiamiento para la compra del terreno y su puesta en marcha.

En 1970, el IER adquirió en terreno en Santa Fe, razón por la cual optaron por donar el situado en la ciudad a la Diócesis de Santa María de Los Ángeles.

Esa coyuntura fue usada por monseñor Orozimbo Fuenzalida para entregarlo a la nueva comunidad católica. Además, obsequió la estructura metálica y el resto fue aportado con el trabajo y aporte económico de los mismos fieles.

LABOR DE LOS PÁRROCOS

El padre Eloy estuvo como párroco durante tres años, en los cuales realizó la ardua labor de educar a la gente en el verdadero espíritu cristiano. Formó el equipo de catequesis, grupos juveniles, comité pro-construcción y el consejo parroquial.

En 1973, el padre Paolo Lastrego asumió como nuevo párroco, prestándole atención a la Pastoral Juvenil y gran realce a la celebración del Año Santo Chileno, en 1974, dejando como recuerdo la construcción de “La Cruz del Año Santo” ubicada al lado del templo. Además, ese mismo año se vieron los frutos de las vocaciones de la parroquia, con la ordenación de los diáconos Carlos Peña (QEPD) y Pedro Ángel Toro (QEPD).

En 1975, llegó como párroco el padre Hugo Sandoval (QEPD), que al igual que su predecesor, continuó las labores de evangelización en los sectores rurales con misiones periódicas. También llevó a cabo la construcción de la obra gruesa de las capillas de Paso de Arena y Mesamávida.

En los años ’80, se formaron los grupos de monaguillos, Jupach, comedor fraterno, grupo de Palestra (dedicado a la formación de jóvenes en lo moral y espiritual), catequesis de comunión y confirmación, grupo vocacional y acción social, además del comité pro-construcción encargado de la ampliación del templo.

El 17 de octubre de 1982 se inauguró el templo terminado con aportes de los feligreses, de los eventos a beneficio y del Obispado.

El 20 de febrero de 1983, se inauguró la capilla de Mesamávida. Además, durante ese mismo año, se inició la construcción de una capilla multiuso en Alcázar esquina Condell.

En 1983 asume el padre Jorge Cerda quien sigue con los adelantos en la comunidad, como la ampliación del templo, el campanario, el sagrario y el lugar para los bautizos. También se construyó salas multiusos y cocina.

El 16 de enero de 1987 asume como nuevo párroco el padre Ramón Henríquez, quien pone el acento en el trabajo con los jóvenes. En abril de 1991 se hace cargo el padre Eduardo Riquelme  quien inicia la construcción de ocho salas nuevas del templo y la construcción de dos pisos. En junio de 1996 llega el padre Tomás Riffo, quien termina la casa parroquial.

El padre Gustavo Núñez se hace cargo en 2010, quien incorpora la iluminación y calefacción del templo, y lleva a cabo otros arreglos. El 9 de septiembre de 2012, el padre Gustavo falleció, siendo reemplazado por el presbítero Alfonso Plaza, quien amplió la sacristía y hermoseó el templo parroquial.

En un viaje a Portugal con el grupo Apostolado Mundial de Fátima al celebrar el centenario de las apariciones de la Virgen María con la Advocación de Nuestra Señora del Rosario de Fátima a los tres pastorcitos: Santa Jacinta, San Francisco y Sor Lucía, se trajeron 2 coronas para las dos imágenes de la Virgen. Una corona es de metal y la otra de plástico.

El 20 de abril de 2020, Alfonzo Plaza dejó el cargo para que lo asumiera el presbítero Pedro Mieres Pastene.

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