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Cómo era ciudad de Los Ángeles en 1937

Enormes cambios ha experimentado desde todo punto de vista la capital de la provincia en apenas 80 años. La presente crónica recoge lo que existía en la ciudad de aquel entonces.


 Por Juvenal Rivera

11,1, Liceo deHombres

Fry, el repartidor de pizza que protagoniza la popular serie Futurama, despierta en el 2999 y descubre que la sociedad que había conocido era completa y totalmente distinta a la que tenía frente a sus ojos.

Claro, el protagonista estuvo congelado por mil años después de caer casualmente a una cápsula criogénica y los cambios que observa son enormes.

A nivel más local, si nos remitimos a nuestra propia historia, la ciudad de Los Ángeles ha experimentado enormes cambios si comparamos el ahora con lo que sucedía no hace mucho: poco más de 80 años.

En artículo publicado en La Tribuna en 1987 cuenta lo que acontecía en la capital provincial de 1937. Y los cambios son increíbles.

En esos años, vivían poco más de 40 mil habitantes, de los cuales no más de 15 mil vivían en la ciudad que se prolongaba de norte a sur, desde la villa Hermosa hasta la avenida Vicuña Mackenna pero que se constreñía de José Manso de Velasco a Ercilla en el sentido oriente-poniente. Sólo había dos excepciones a esa figura alargada: una era el recinto Estación, en la prolongación hacia el poniente de las avenidas Ricardo Vicuña y las calles Caupolicán y Lautaro, y la otra era la población Siglo XX (al lado sur del río Paillihue), que era una especie de isla y sólo estaba conectada por la calle Los Carrera que estaba rodeada de potreros más que de viviendas.

En la esquina nororiente de las calles Colón con Lautaro se levantaba el hermoso edificio de la Intendencia de Biobío (ahora está el hotel Alcázar), donde destacaba su torre y el corte institucional en su fachada. Allí también funcionaban las oficinas de Registro Civil, Telégrafos del Estado, Visitación de Escuelas, Vacunas, Inspección de Caminos, Tesorería Fiscal, Administración de Agua Potable y Correos.

Cruzando la calzada, en la vereda sur oriente, estaba la parroquia y el colegio parroquial. A un costado, por calle Colón, lucía el nuevo edificio del Club de la Unión, que se había entregado recién en 1934.

Por calle Lautaro, siempre frente a la Plaza de Armas, estaba el Liceo de Hombres, uno de los recintos educativos más importantes en la historia comunal. Por su parte, el Regimiento Lautaro, creado en 1898, ocupaba toda la manzana que daba frente a la Plaza de Armas por el sur, donde hoy está el edificio de los servicios públicos.

José Valenzuela Fuentes, en una publicación realizada el 27 de junio de 1988, hace una detallada reseña de lo existente en Los Ángeles en ese tiempo. Recuerda que había apenas cinco oficinas de abogados en la ciudad. Uno de los más importantes era la de Domingo Contreras Gómez, quien fuera un destacado nombre público de la ciudad, quien destinó parte importante de su tiempo y energía en fundar y dirigir distintas organizaciones sociales. Él atendía en su casa habitación de la esquina de calle José Manso de Velasco con la avenida Alemania (en ese tiempo, se llamaba Colonia Humán). En ese lugar ahora está el supermercado Unimarc, antes Portal Tucapel.

Otro abogado conocido fue Luis Muñoz Pal, que atendía en sus oficinas ubicadas en la esquina de calles O’Higgins con Bulnes. Muñoz Pal fue juez de policía local por más de 30 años, además de ser parte de distintas organizaciones, como el Cuerpo de Bomberos.

Otro abogado era Alfredo Villalobos cuya oficina estaba en calle Mendoza 174, Armando Rossel Guzmán atendía en Caupolicán 502, mientras que Ramón Reyes lo hacía en Colón 147.

También había arquitectos, tres para ser más exactos. Entre ellos, destaca con nitidez Nibaldo Álamos Pérez, cuyas oficinas estaban en calle O’Higgins 383. Álamos fue responsable de la construcción de varios recintos, como la Casa de la Cultura (ex Teatro Municipal), el edificio Bernardo O’Higgins (ex edificio municipal) y el Club de la Unión, entre otras, todas las cuales se han mantenido en pie, pese a los terremotos. Asimismo estaban los arquitectos Alfonso García, que atendía en la esquina de calles Colón con Tucapel, y Enrique Bañados cuyo centro de operaciones estaba en Colón 583.

Algo muy útil para la población era la existencia de buzones para el correo público que ayudaban a mantener el contacto en la época en que los teléfonos eran un sueño demasiado lejano. Dichos buzones estaban estratégicamente repartidos en la ciudad. Uno se instaló en la esquina de calles San Martín con Lynch, otro en Mendoza con Orompello y un tercero en el recinto estación de ferrocarriles, por Caupolicán.

En lo financiero, los bancos se contaban con los dedos de la mano (y sobraban dedos). Eran tres: el Banco de Chile, situado en calle Colón 465 (ahora está la tienda La Polar), junto al frente se ubicada el Banco Español de Chile (Colón 456) mientras que la Caja Nacional de Ahorros estaba en la esquina norponiente de calles Colón con Lautaro, frente a la plaza.

En 1937, se contaban 23 autos de arriendo para el servicio de transporte público. Sus tarifas urbanas 5 pesos por carretera y 0,50 por más de un pasajero. Al valor anterior se le tomaba 0,5 más si se había concurrido por un llamado telefónico. En el caso de la tarifa rural, se cobraban 2 pesos por caminos ripiados mientras que por vías sin ripiar, se aplicaba el valor tradicional.

En ese mismo año, los usuarios no llamaban buses a las máquinas de transporte de pasajeros sino que góndolas. Básicamente operaban dos servicios, uno a Antuco y Quilleco, a cargo de Vignolo, y otro con Antuco y viceversa, en manos de Osses.

Para que la comunidad se mantuviera informada del día a día, tenía dos opciones: estaba el periódico Las Noticias, cuyas oficinas estaban en Rengo 183, y el diario La Voz del Biobío, situado en Colón 643. La radio Agricultura, conocida como radio de la Sociedad Nacional de Agricultura, lo hacía a través de los aparatos ad-hoc que eran cada vez más populares. En esos años, la televisión ni siquiera existía.

En esa década, existían fábricas de diverso tipo. Una confeccionaba bolsas de papel en dos direcciones: calle Almagro 699 y Tucapel 268. En la calle Ercilla se podía encontrar una fábrica de hielo que era la única manera de mantener los alimentos ante la falta de refrigeradores que ni siquiera se comercializaban. En calle Colón, a la altura del 1237, había una fábrica elaboradora de fideos. En calle Almagro 100 se ubicaba una tienda que confeccionaba espejos mientras que en calle Manuel Rodríguez se encontraba un local que construía los necesarios carruajes.

Antes de la llegada de la Pepsi y la Coca Cola, en Los Ángeles se elaboraban las bebidas gaseosas en un recinto de la calle Mendoza 509. También había otra fábrica que prestaba una gran utilidad: se elaboraban somieres en el establecimiento de calle Villagrán 498.

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