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¿Qué hará con el 10%? Seis historias breves del uso que se le dará a fondos previsionales

Conversamos con hombres y mujeres que, desde sus perspectivas personales, nos contaron sobre lo que harán con el dinero en sus manos, de sus anhelos y expectativas, de sus sueños y esperanzas.


 Por Juvenal Rivera

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Desde dar el pie para la casa propia, ponerse al día con las deudas de arriendo o casas comerciales, saldar cuentas por costosos tratamientos médicos, adquirir mercadería o, simplemente, ahorrarlo para tiempos de verdadera necesidad.

Es que la posibilidad de retirar hasta el 10% de los fondos previsionales abre un abanico de opciones desde que, en la jornada de este jueves, se inició el trámite que permite sacar parte del dinero empozado en las cuentas de capitalización individual.

PONERSE AL DÍA CON LAS CUENTAS MÉDICAS

Roberto Burgos llevaba una vida apacible como vendedor en una tienda del retail cuando todo cambió de golpe: hace un par de años, lo que era una simple molestia en el ojo, después de decenas de exámenes, derivó en un tumor cerebral. A sus 37 años, debió entregarse a las manos de un equipo médico que le extirpó buena parte de esa masa extraña alojada en una parte de su cerebro.

Y si por un lado el tumor felizmente perdía terreno gracias los tratamientos y operaciones, las deudas y cuentas por pagar se iban acumulando por el otro lado.

De ahí que el 10% de sus ahorros previsionales tienen un fin claro y preciso: “para mis exámenes y salir de las deudas”.

Tiene una deuda de más de 4 millones y medio de pesos, y aunque asegura que su pensión no es mala, entre “préstamos y los gastos, quedo debiendo. Igual salí de algunas deudas, pero me queda el préstamo que tuve que tomar porque no tenía otra alternativa”.

Y así como saldará cuentas impagas, dejará una parte para los exámenes que debe realizarse a fines de año, los cuales le permitirán tener la certeza de que la enfermedad ya no está en su humanidad y que, ciertamente, ahora puede respirar con más tranquilidad.

LOGRAR EL SUEÑO DE LA CASA PROPIA

Jeannette Rivera se emociona cuando habla sobre la posibilidad de postular a la casa propia. Es que lleva tantos años de incertidumbre que ahora, por primera vez, tiene la alternativa de tener una casita, un lugar donde vivir, algo que sea solo para ella.

Es que puede retirar un millón de pesos y no tiene otro afán que usarlo para tener el ahorro exigido para postular a los planes habitacionales.

Con su trabajo, era imposible pudiera reunir semejante cantidad de dinero. “Es lo que más anhelo: postular a la casa propia, ya que arriendo”, comenta.

Ella ahora vive en una casa del pasaje Colbún en la villa Maipú, sector Santiago Bueras de Los Ángeles. Lleva tres años en ese lugar junto a su hijo de 18 años.

Antes, vivía en la ex escuela las Hortensias, camino a Santa Bárbara, espacio que le facilitaba la municipalidad.

Para ella, tener el 10% “es mi gran oportunidad para tener una vivienda. Es un gran sueño para mí”, dice convencida y feliz.

MEDICAMENTOS PARA EL PADRE CON CÁNCER

En octubre del año pasado, el papá de Álvaro Garrido recibió una noticia que fue lo más parecido a un mazazo. Tenía un cáncer de páncreas, una expectativa de vida de tres meses y la posibilidad de un costoso tratamiento de resultado incierto que debía iniciarse ahora ya.

Como afiliado a la isapre Fusat, una poco conocida prestadora de servicios de salud, ya que está focalizada en los trabajadores de la Minera El Teniente, de Codelco, pudieron solventar parte de los gastos. Sin embargo, siempre hubo un saldo pendiente. Una deuda por pagar.

“¿Que qué hacer con mi 10 por ciento? Usarlo para comprar medicinas para la quimioterapia de mi padre de 77 años y así alargarle su esperanza de vida. En este país, sufrir una enfermedad catastrófica es catastrófico”, reflexiona Álvaro, quien reside en la ciudad de Yumbel.

DEUDAS DE UNIVERSIDAD Y CASAS COMERCIALES

Lis Chávez siempre había encontrado manera de combinar el trabajo con sus estudios de técnico agrícola y ganadero, y sus propios gastos personales.

En el verano, solía irse a Santiago a garzonear. Y así lo hizo: entre enero y febrero atendió en distintos locales. En marzo retornó a Los Ángeles para retomar sus estudios, pero también se le abrió una posibilidad de empleo. Parecía que todo marcharía bien.

Sin embargo, a las pocas semanas de que llegó el Covid-19, ella fue despedida dentro de un montón de jóvenes que buscaban ganarse sus pesos.

Lis esperaba que la enfermedad acabara pronto para volver a trabajar mientras seguía los estudios de manera online. “No me preocupaba porque se suponía que se iba acabar luego todo esto y empecé a posponer las cuentas en una tienda y dar más preferencia a las cosas de hogar, como los víveres, y en parte la universidad”, explica.

Ha tenido empleos menores y breves que le han permitido pagar parte de las deudas con la universidad, pero “aún me quedan dos meses de este semestre por saldar. De la tienda también son dos meses atrasados y sería. Sé que no es mucho lo que tengo ahorrado en la AFP porque la mayoría de los trabajos son sin contrato. Sin embargo, con mi 10% pago todo, y si sobra, obvio, lo dejo en mi cuenta de ahorro para el próximo año sacar mi casa porque vivo con mi suegra y sus tres hijos”.

PASAR TRANQUILA EL RESTO DEL AÑO

María Victoria Zúñiga estaba poniendo todo su talento como profesora de inglés en una escuela municipal de Los Ángeles, donde hacía un reemplazo. En sus propias palabras, amaba su trabajo, adoraba a sus alumnos y resaltaba la encomiable disposición de profesores y directivos. Sin embargo, se le acabó el fuero material por el nacimiento de su bebé y no fue recontratada por decisiones superiores que dice entender, dando el contexto de la pandemia.

Confía en que cuando toda vuelva a la normalidad, la vuelvan a considerar para volver a la docencia. Mientras tanto, está cesante.

De ahí que el retiro del 10% de los fondos de pensiones le viene a brindar la seguridad que podrá sobrellevar bien los meses que se avecinan.

“Gracias a Dios, no pago arriendo porque vivo con mi papá, pero quedarme sin salud es lo que más me preocupa por mi hijo. Él no se ha enfermado porque pasa encerrado y con suerte va al campo”, explica.

Espera que el aporte le ayude a estar preparada cuando tenga imprevistos. “Es a lo que yo le tengo miedo, porque parece que cuando más complicada estás, más desgracias te pasan”.

LLENAR LA DESPENSA Y DARSE UNOS GUSTOS

Las pretensiones de Mónica Neumann con su 10% son bastante más terrenales. Según sus propias palabras, afortunadamente no tiene deudas ni compromisos económicos mayores. Entre sus planes está organizar – cuando se pueda– “un rico asado con todos mis seres queridos y amigos”.

¿El resto? “Quiero guardarlo para alguna emergencia inesperada de las que no faltan. Gracias a Dios, deudas no tengo”, añade Mónica.

Eso sí, quiere darse un pequeño gusto: cambiar su cama que, según ella, ya está deforme, por una nueva. También el sillón de descanso.

“Y lo obvio, llenar mi despensa para un largo tiempo”, señala con un dejo de tristeza.

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