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La historia de la mujer que prepara ollas comunes con sus propios recursos

Con su dinero y trabajo, María Carrasco elabora 35 raciones que cada miércoles y domingo entrega a las familias más pobres del sector Coreo, en Los Ángeles.


 Por Juvenal Rivera

81, María Carrasco

María Carrasco tiene un corazón tan generoso que no le cabe en el pecho. La mujer es uno de esos ejemplos de personas cuyo sentido profundo de solidaridad la hace ir más allá de lo que hace cualquiera que se haya conmovido con el sufrimiento de tantos hombres, mujeres y niños, a propósito de la crisis desatada por la pandemia del coronavirus.

María tiene un negocio llamado “Los Hornitos de Coreo”, que se ubica a la vera del camino entre Los Ángeles y Santa Bárbara, más o menos a la altura del kilómetro 12, poco antes del puente sobre el río Coreo, justo a continuación de una pista de karting.

Desde enero de este año que los residentes de la población contigua y los automovilistas que hacen un alto en el camino disfrutan de las dos especialidades de la casa: empanadas y pan amasado. Es que su amplia experiencia como maestra de cocina le sirve a poner sazón y sabor a sus preparaciones.

Sin embargo, desde que comenzó el estallido social, y más aún con la pandemia del coronavirus, María no ha dejado de conmoverse con lo que sucede en su entorno, con las penas y aflicciones de sus vecinos, de los sufrimientos de sus conocidos.

Y así fue que, de esas emociones, decidió pasar a la acción.

A principios de año, empezó a repartir el pan de su propia elaboración a las familias de una toma que queda cerca de su casa, en lo que fue un tramo de la antigua línea férrea a Santa Bárbara.

En marzo, cuando vio que la pandemia del Covid-19 pintaba para mal, no lo pensó dos veces y, haciendo uso de su experiencia en la cocina, empezó a elaborar raciones de almuerzo.

Comenzó con 20 colaciones que entregaba un día a la semana. “Pero la necesidad es cada vez más grande, señor”, dice con humildad. Ahora, ya son más de 35 raciones, las que elabora y reparte todos los miércoles y el domingo.

“Pero, sabe señor, se me parte el alma cuando las personas llegan por comida y no tengo porque se me ha acabado”, agrega con pesar.

Asegura que ella, por su edad -tiene 60-, a lo menos está recibiendo un dinero por su jubilación, a lo que se suma el trabajo en el local de pan amasado y empanadas. Sin embargo, esto último está lento porque “ya pasan menos personas por la carretera y la gente de la población cada vez tiene menos medios para comprar”.

Y, lo más sorprendente de todo, es que lo hace con sus propios recursos. En su local, con sus utensilios de cocina, con el mismo gas con el que hace su pan y empanadas, con los alimentos que ella misma compra y elabora, se ha dado maña para tener sus raciones de comida.

Dice que ha buscado apoyo para su propia olla común pero solo ha tenido el aporte de jóvenes de una iglesia cristiana que la han apoyado con alimentos.

Pese a todo, quiere seguir. Asegura que, si quieren realizarle aportes, que no hay problemas, que ella feliz los recibe. “Pero no quiero nada de dinero porque se puede malinterpretar. Si alguien me quiere ayudar, acá le recibo la harina, los fideos, el gas con que cocino, lo que tenga a mano para hacer la comida”.

¿Su número de teléfono? + 569 8815 8841, María Carrasco.

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