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La Tribuna

San Juan Bautista: profeta bíblico que anunció a Cristo y une la biblia con las tradiciones campesinas

por Millaray Hermosilla

El Padre Óscar Gutierrez y el historiador Luis Garretón explican cómo una celebración pagana del hemisferio norte se transformó en un rito de invierno ligado a la identidad rural, al We Tripantu y a la evangelización jesuita del siglo XVII.

San Juan Bautista: profeta bíblico que anunció a Cristo y une la biblia con las tradiciones campesinas / internet

Juan el Bautista es "uno de los últimos profetas de las Sagradas Escrituras de la historia bíblica de la salvación", explica el Padre Óscar. "Profeta que pone fin y da inicio a una nueva etapa muy cerca de la encarnación del Hijo de Dios, es decir, del nacimiento de Jesucristo". Su misión fue clara: preparar el camino, anunciar que el Mesías venía, mantener al pueblo de Israel atento. "Como todo profeta, entrega la vida por amor a Dios y a sus verdades. Muere decapitado por decir la verdad, sin señal de diplomacia. La verdad a secas".  

Esa figura llegó a Chile con las "actividades y estrategias de los misioneros españoles", agrega el sacerdote. Pero al cruzar el Atlántico, San Juan se encontró con otro calendario. "Acá se le asocia a San Juan con los campesinos, ligado a los fenómenos de la naturaleza, especialmente al solsticio de invierno", dice. "La fiesta se caracteriza y expresa con muchos rasgos que están tomados de los campesinos, indígenas, naturaleza, de las formas de vida que hay en cada lugar donde se celebra".  

El historiador Luis Garretón confirma que la raíz es anterior al cristianismo. "Su raíz es netamente pagana y se remonta a los antiguos cultos agrarios del hemisferio norte que celebraban el solsticio de verano, que tiene la noche más corta del año". Celtas, germanos y romanos encendían hogueras "para darle fuerza al sol en su declive y purificar los campos". En el siglo IV, la Iglesia Católica "ocupó el santoral cristiano sobre este hito solar. Así, asignó la fecha al nacimiento de San Juan Bautista, que es el 24 de junio".  

De verano europeo a invierno del Biobío  

A Chile llegó con la conquista. "A Chile con los soldados y religiosos asentados en los partidos de Rere y la Isla de La Laja, en el siglo XVII, la trajeron como una herramienta de evangelización", detalla Garretón. La gran diferencia es astronómica. "En Europa, San Juan es una fiesta de verano al aire libre con calor. En nuestro hemisferio y en Chile en particular, se convirtió en una festividad de invierno, dejó de realizarse en las plazas para refugiarse alrededor del fogón o el brasero, transformándose en un rito contra el frío, la oscuridad y el aislamiento".  

En el sur, el sincretismo fue inevitable. "En la frontera del Biobío coincide con el We Tripantu, el año nuevo o retorno del sol para el pueblo mapuche", señala el historiador. "La frontera vivió una fusión donde el misticismo europeo de los brujos se mezcló con el profundo respeto indígena por las fuerzas de la naturaleza en invierno".  

El Padre Óscar lo resume: "Los indígenas alrededor de esta fiesta celebran el año nuevo indígena. Entonces es importante tener presente el origen de la Sagrada Escritura pero también todo lo que se le ha ido agregando a través de la expresión de la cultura local". Para él, el origen de las tradiciones "se ahonda en la antropología de las personas, con la intención de hacer perdurar valores, significados, costumbres y que van en función de la identidad".  

¿Por qué la noche de San Juan se llenó de pruebas y adivinaciones? 

Garretón aclara que no hay mención explícita en los siglos XVII y XVIII. "Existe documentación de la Iglesia que condena las supersticiones, hechicerías y adivinaciones, orientadas sobre todo a la población indígena, pero no hacen una mención explícita a la noche de San Juan. La Iglesia condenaba los agüeros en cualquier época del año".  

El registro de las pruebas, como la papa o la higuera, "recién aparece en las crónicas costumbristas de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX". Ahí, los primeros folcloristas "observaron cómo el habitante de los campos utilizaba estos ritos para buscar el amor, dinero o salud en un entorno aislado por los ríos, los bosques y el invierno".  

La comida también habla de historia. "El estofado de San Juan es un plato transversal del secano interior y del valle de la zona centro-sur, desde el Maule hasta la Araucanía", afirma Garretón. "Antiguamente incluía aves de caza menor como perdiz, codorniz, tórtola, también de pavo, cerdo y vacuno".  

En la provincia de Biobío destaca Rere. "Institucionalizó la preparación en grandes calderos de hierro abiertos al público, vinculándolo directamente al entorno colonial del pueblo", explica. "El estofado es una comida densa y caliente, se mimetiza con el paisaje de Rere, el frío húmedo del secano interior, la imponente torre del campanario, los sacerdotes, la frontera colonial". Una fiesta costumbrista que ya lleva más de dos décadas.  

Así, San Juan Bautista pasó de profeta del Jordán a patrono del invierno campesino. Entre hogueras que ya no se encienden en plazas, sino en braseros; entre rezos, agüeros y un estofado que hierve lento mientras afuera cae la helada. Como dice el Padre Óscar, es la suma de la Escritura y "todo lo que se le ha ido agregando a través de la expresión de la cultura local".

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