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Crónica

Familia Ortega Vega: “Nos dicen que somos la familia de la casa en la pradera”

Decidieron adoptar una vida alejada del consumismo y disfrutar de lo que la ciudad les entrega.


 Por La Tribuna

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Preferir la felicidad al dinero, la generosidad a la codicia, lo inmaterial frente a lo material, priorizar la familia y  decidir caminar de manera tranquila, es lo que ayuda a la Familia Ortega Vega a disfrutar de una vida verdaderamente sincera, abundante y plena.

Reconocidos en Los Ángeles, por su “característica” vestimenta y amabilidad con la gente, la familia Ortega Vega llegó a la ciudad hace 7 años con “bombos y petacas” a instalarse en la zona.

Ives Ortega (43 años), es oriundo de Santiago, luego de ver truncado su sueño de estudiar historia, decidió tomar rumbo al sur, pasando por diferentes lugares, donde conoció a quien hoy es su compañera, Norma Elena Vega, quienes optaron por venirse a Los Ángeles junto a sus hijos.

“Yo soy de Santiago, mis primeros años de estudio de historia, fueron truncados cuando me llamaron a hacer el Servicio Militar obligatorio, estuve 3 años y medio, y luego de eso, sentí la necesidad de desintoxicarme de tanta situación que me tocó ver, por lo que decidí tomar una mochila, venirme un par de años a Alto Biobío, ir a la universidad y volver con todo lo aprendido para entregárselo a ellos, porque se lo merecen todo”.

De eso han pasado más de 20 años, y fueron 15 los que se dedicó a enseñarles a leer y escribir a quienes no lo sabían, en ese transcurso conoció a Norma, con quien tiene 4 hijos.

 

“CAMINAMOS DE MANERA MÁS TRANQUILA”

“La gente nos ve distintos porque caminamos de manera más tranquila, y por el tema de usar chupalla”, enfatizó Ives Ortega, a la hora de ser consultado por su estilo de vida.

Agregó que como familia están alejados del consumismo que tiene prisionera a mucha gente, ellos en cambio disfrutan de lo sencillo.

“No tenemos televisor en la casa. Nuestro televisor es un telar de una cultura diaguita y tiene harta influencia, los niños todos los días se despiertan con un mundo de cosas que imaginan, tenemos la ventana abierta –justamente- porque eso nos permite mayor seguridad, la confianza y el saludo con nuestros vecinos”, agregó.

Ives entrega el 100% de su día a sus hijos, ejerce como dueño de casa, su mujer es quien trabaja, pero igualmente su principal preocupación es entregarle todo el cariño y afecto que se merecen sus hijos.

Realizan actividades juntos como cualquier familia, disfrutando de lo que les entrega la ciudad y la vida, “hacemos muchas actividades en familia, salimos a comer, vamos al parque a jugar con los niños, pero siempre evitando el consumismo. Le digo a mis hijos, hoy saldremos a comer afuera, y como tenemos un parque frente a nosotros, llevamos una mesa y nuestra comida, y lo pasamos súper bien”, sostuvo el padre de familia.

 

LA EDUCACIÓN DE SUS HIJOS

Sus dos hijos mayores van a un colegio tradicional, y los de 6 y 5 años, no van a la escuela hasta los 8 años, siguiendo la misma experiencia que vivió su padre, catalogándola como una rutina que ha tenido excelentes resultados.

“Nosotros privilegiamos la familia, en su amplio concepto, si mis hijos no van al colegio hasta los 8 años, como me tocó a mí, es porque como dice la experiencia de los pueblos ancestrales que hasta los 8 años está el máximo desarrollo del ser humano en el punto de vista intelectual, hasta ahí llega toda tu capacidad de asombro y aprendizaje en el camino, y después tu empiezas a poner en práctica todo lo que ya aprendiste”, acentuó Ortega.

Igualmente, este padre se preocupa de enseñarles desde pequeños a sus hijos todo lo que corresponde, valores que son básicos, como ser educados, saludar y desearle bien a las personas, de ser felices y ser niños.

Añadió que “procuro no mandarlos antes, porque siento que esta actual ley que tiene que ver con la instrucción primaria no obedece a lo que es la etapa formativa de una persona que se va a educar, porque no se instruye a los seres humanos, a quienes se les instruye es a los animales”.

 

SU VISIÓN DE VIDA

“Si aprendemos algo de lo que nos enseñaron nuestros padres respecto al respeto que significa alimentar a una familia, compartirlo en una mesa  y si la gente hoy en día no está en eso, es porque son muy perversos, y no es un sistema que yo creé ni que se me ocurrió, si no que yo también lo viví, y siento que eso no se debe hacer, yo soy bien consciente de ello y se lo digo a la gente”, postuló Ives Ortega.

A su vez, contó que ha visto situaciones muy desastrosas,  y se lo he tenido que decir a la gente, recibiendo –muchas veces- palabras discriminadoras como respuesta. Pero también hay gente que se los agradece, conversa con ellos, incluso les piden sacarse fotos, “nos dicen que somos la familia de la casa en la pradera, algunos se ponen contentos, piensan que somos de alguna religión determinada, otros que pedimos plata por las calles y nos insultan, solamente por el hecho de caminar cada día más tranquilos con una condición de felicidad”.

 

LA CIUDAD LA HACE UNO

Cuando llegaron a Los Ángeles, se encontraron con una ciudad que para ellos era inhóspita, y lo primero que pensaron fue en irse, pero su alentador pensamiento en que la ciudad la hace uno y proporciona todo lo que uno necesita, les hizo seguir adelante y quedarse.

Se instalaron en una casa céntrica, con acceso a todo lo que necesitan, en su patio sembraron su propia huerta y crían algunas gallinas, que les proporciona alimento saludable para toda la familia.

“Si la gente nos ve distinto, es que nosotros apelamos a ser seres normales, estamos vivos, tenemos que vivir, pero también no podemos negar que frente a una situación de injusticia tengamos que expresar lo que sentimos”, manifestó Ives, a lo que agregó que, a veces, han hecho algunas acciones de protesta, para que la gente se alimente un poco de lo que significa el buen sentido del humor, y como usar la ciudad para su beneficio.

Cuenta que con la familia hacen ‘picnic urbano’, donde toman sus mantas, canastas, mate, comida de la casa y se van al mall, donde los niños disfrutan de la biblioteca y pasan una excelente tarde. Explicó que siempre lo hacen, y eso también es una acción de protesta amigable, que genera que la gente salga del sueño en que está con respecto al consumo.

“Haga lo que tenga que hacer, pero de manera honesta, sin violencia y sin molestar a nadie, ejerciendo nuestra condición de ciudadanos, nada más. Insisto, no somos distintos, somos vecinos, compartimos con todo el mundo, aceptamos todo tipo de saludos, incluso las groserías”.

Finalmente, Ives Ortega recalcó que el venía de un mundo bastante movido (Santiago), lleno de riesgos y muchas consecuencias de lo que significa el consumo y dinero, por lo que si uno deseaba proyectarse como familia, no era el lugar. “Me vine con unos pocos ahorros y una mochila, la mochila se me perdió en el camino, pero todavía me quedan de los ahorros que me traje, y no es económico, si no lo que he podido construir, y son tantos logros. Entonces si hoy construí una familia con una gran compañera como la Normita, es porque se puede, y hoy todo lo que necesitamos como familia lo tenemos”, concluyó.

 

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