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La Tribuna

La historia del negocio de lanas angelino que resistió terremotos, pandemia y cambios urbanos

por Octavio Pérez

A sus 93 años, Rosa Elvira Vigueras sigue al frente del emblemático local que administra desde el año 1973. Sobreviviendo a terremotos, a la pandemia y a la modernidad comercial, este entrañable rincón teje la memoria viva de la ciudad a punta de coloridas lanas y una cálida atención.

El local cuenta con más de 40 años de vigencia / La Tribuna

El depósito de lanas inició su funcionamiento hace más de cuatro décadas, específicamente en 1973, cuando Rosa Elvira llegó a Los Ángeles para abrir las puertas del local. En ese entonces trabajaba en Concepción, donde recibió una inesperada propuesta laboral. Una amiga española de su jefe regresaba a Europa y dejaba el negocio, por lo que le ofrecieron a la joven Rosa hacerse cargo del local para evitar su cierre definitivo. "Y aquí estoy. 40 años. Ya envejecí aquí", relató hoy con genuino orgullo.

El entorno que rodeaba al local era distinto al panorama urbano actual. Ubicado en calle Almagro 537, el depósito se alzaba en lo que Rosa describió como "una cuadra grande, de campo". En aquellos años, no era extraño ver animales transitando por el sector, provenientes de un fundo que había cerca. Con el tiempo, el barrio se renovó, dando paso a la construcción de supermercados y a la modernización total de la cuadra. Pese a todo, Sanfel se mantuvo firme. En el terreno posteriormente se edificó el actual inmueble de dos pisos, destinando la planta baja al comercio y la parte superior a departamentos de uso habitacional.

RESISTENCIA ANTE LOS EMBATES DEL DESTINO

Mantener el negocio a flote ininterrumpidamente no es sencillo. Sanfel ha superado pruebas de fuego, como el devastador terremoto del año 2010, del cual el sólido edificio salió sin ningún daño, agradece su dueña. De forma reciente, la pandemia mundial puso a prueba la capacidad de adaptación. Lejos de mermar sus ventas, el encierro generó un boom. La gente -debido a la cuarentena- necesitaba hobbies para ser más llevadero el encierro.

Ángela Anabalona, vendedora del mostrador con ocho años de trayectoria en el lugar, recordó cómo esto se transformó en época de altísima demanda. La afición por el tejido llegó al punto en que se formaban eternas filas de clientas que daban vuelta a la cuadra para poder comprar lana.

"La gente se enfocaba en tejer, yo creo, por lo encerrada que estaba en la casa. Entonces, aquí se hacía una fila grande para comprar lana, llegaba a dar vuelta de aquí a la cuadra", reflexionó la trabajadora.

EL SECRETO DEL ÉXITO: CONFIANZA Y CALOR HUMANO

El modelo comercial de Rosa Elvira se basa en valores excepcionales: estricta responsabilidad financiera y total confianza. A pesar de que las fábricas en Santiago no la conocen físicamente, le envían camiones de mercadería. Ella se enorgullece de su puntualidad y orden al momento de trabajar, esto se ve reflejado en los cuarenta años de compromiso que tiene con su local.

Esta rectitud se traslada a su equipo. Cuenta con cinco vendedoras que forman un grupo muy cohesionado. El ambiente es catalogado de "súper bueno" y "muy grato" por Ángela, revelando que la rotación de personal es bajísima y que la mayoría se ha ido solo por jubilación. "Siempre en un local tiene que hacerse el personal. Eso es muy importante", aconsejó la fundadora.

Esta armonía se proyecta hacia la fiel clientela. El trato es sumamente personalizado y las compradoras lo retribuyen de forma cariñosa; frecuentemente le llevan presentes como frutas, hermosas flores y otros regalos a Rosa.

UN PATRIMONIO VIVO FRENTE A LA IMPARABLE MODERNIDAD

Hoy, este Depósito es considerado una auténtica institución angelina. Ángela destaca que quedan muy pocos locales especializados en el rubro, contabilizando apenas tres o cuatro en la zona, pero asegura que, a pesar de la llegada de nuevos locales, el público sigue prefiriéndolas incondicionalmente. Su prestigio es de tal magnitud que no solo abastecen a residentes de Los Ángeles, sino que personas de pueblos aledaños viajan exclusivamente para adquirir allí sus lanas.

Sumado a esto, diversas municipalidades acuden constantemente para realizar cotizaciones de materiales para sus proyectos, atraídas por su gran surtido, atención personalizada y precios accesibles. El ritmo de trabajo no se detiene. El local abre desde las nueve de la mañana hasta las cinco de la tarde. Esta dedicación asegura que ninguna tejedora se quede sin sus insumos.

Su innegable encanto nostálgico lo ha convertido, de forma inadvertida, en un atractivo turístico. Familias que visitan la ciudad pasean por el centro, entran al encontrar un local "precioso" y compran lanas como recuerdo de su paso por la zona. "Para mí, esto ha sido gran parte de mi vida. no de lujos, pero sí para vivir tranquila, para vivir bien", concluyó Rosa Elvira, dejando en claro que continuará tras el mostrador tejiendo esta historia desde el centro de la ciudad. 

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