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Casa Bambi: Más de siete décadas vistiendo a generaciones de angelinos con inquebrantable sello familiar

por Octavio Pérez

Fundada en la década de los cincuenta por tres hermanos, esta emblemática tienda angelina ha superado crisis económicas, el devastador terremoto de 2010 y una reciente pandemia mundial.
Hoy, instalada en el centro de la ciudad, mantiene intacta su esencia familiar: una atención personalizada, un equipo de trabajo inquebrantable y un vínculo profundo con su clientela local.

Casa Bambi / La Tribuna

Caminar por las calles céntricas de Los Ángeles es transitar por un constante crisol de historias comerciales que nacen, crecen y terminan por desaparecer. Sin embargo, Casa Bambi se niega a ser borrada y logra trascender en la memoria de la comunidad. Desde su primer local arrendado en calle Rengo, hasta su actual ubicación en Colo Colo con Mendoza, su vasta trayectoria representa la historia íntima de miles de familias angelinas que han crecido vistiendo sus diversas prendas a lo largo de las décadas.

Los primeros pasos entre hilos y bordados

El relato comienza en la década del cincuenta, entre los años 1952 y 1953, cuando Jorge Uarac Kuncar, junto a sus queridas hermanas Elena y Nelda, dieron vida a este negocio. La tienda se instaló de forma modesta en Rengo 279, justo entre las calles Colón y Almagro, con un enfoque dirigido exclusivamente hacia la ropa de guagua. En esa época destacaban las hermosas prendas bordadas y la tradicional ropa tejida a lana para los infantes.

Posteriormente, el crecimiento los llevó a trasladarse a calle Colón, en la cuadra del 400, frente a donde funcionó el recordado supermercado Más, el primer recinto comercial de este tipo en la ciudad. Allí permanecieron durante los años sesenta y setenta, ampliando su inventario para incorporar finas telas y ropa de vestir. A fines de la década de los setenta, una severa crisis económica golpeó con crudeza al país, lo que se tradujo en un alza desproporcionada del arriendo. Ante la imposibilidad de sostener ese costo, la familia se mudó al número 443 de calle Almagro, convirtiéndose en su histórico hogar por más de treinta años. Allí consolidaron la exitosa venta de uniformes escolares y ropa de cama.

Superando la adversidad: del terremoto a la pandemia

La resiliencia estructural ha sido una marca registrada de esta tienda a lo largo del tiempo. El devastador terremoto del año 2010 marcó un doloroso punto de inflexión. El antiguo local de Almagro, levantado con tradicionales paredes de adobe, se fracturó por completo debido a la magnitud del sismo, quedando en estado inhabitable. Lejos de bajar los brazos, la familia Uarac se trasladó ese mismo año a un espacio provisorio en calle Valdivia, donde funcionaron de forma ininterrumpida por quince años.

Años más tarde, la imprevista pandemia mundial puso nuevamente a prueba su supervivencia. Casa Bambi logró mantenerse a flote gracias a un pilar férreo inculcado por sus fundadores: un estricto orden financiero. Jorge Uarac, propietario e hijo de los fundadores, explicó su exitosa fórmula: cancelan rigurosamente a sus proveedores al contado o en un plazo máximo de diez días. Este manejo responsable les permitió siempre priorizar el pago de sueldos de sus colaboradores, sus imposiciones y el arriendo del establecimiento.

El calor humano en los crudos inviernos angelinos

Más allá de su sólida administración, el patrimonio invaluable de Casa Bambi radica en su estrecho vínculo forjado con la comunidad angelina y rural. Jorge Uarac atesora hoy recuerdos de hace unos veinte años, cuando llegaba muchísima gente del campo y los inviernos locales eran gélidos. Su padre mantenía celosamente guardada una botella de vino añejo en su oficina. Cuando observaba a un cliente ingresar visiblemente entumecido, le ofrecía de inmediato un pequeño "cortito" para reconfortar su cuerpo.

Esa inquebrantable vocación solidaria se ha mantenido intacta. Hasta antes de las restricciones por la pandemia, era una cálida tradición convidar pastillas y dulces a quienes visitaban el local. Hace poco tiempo, una mujer forastera subió a un colectivo preguntando por ropa de cama para su padre recién hospitalizado. Tanto el chofer como los pasajeros le indicaron que debía dirigirse rauda a Casa Bambi.

"Este triángulo como de una buena atención al cliente, es algo que nace, no es algo que uno lo haga porque sí. Y uno lo hace porque uno le tiene cariño a su trabajo", enfatizó Uarac, quien ha dedicado gran parte de su vida al negocio familiar.

Es habitual observar el emocionante traspaso generacional: muchísimos clientes asiduos visitan hoy el local recordando cómo antes venían con sus propios padres.

Un equipo humano que trasciende lo laboral

Al interior de la tienda, el clima familiar es vibrante. "Nosotros tenemos un sello que es que siempre con nuestro equipo de trabajo, obviamente la familia, pero junto con todas las chicas que trabajan con nosotros [...] siempre ha sido un ambiente muy familiar", señaló con enorme orgullo Jorge Uarac. Su afiatado equipo actual está compuesto por once personas: nueve trabajadoras de planta permanente y dos de apoyo.

Lo inspirador es la inmensa fidelidad de sus colaboradoras. Existen mujeres que llevan orgullosamente más de cuarenta años ininterrumpidos trabajando en la empresa. Incluso, cinco de ellas, pese a estar formalmente jubiladas, decidieron continuar ejerciendo por compromiso irrestricto. En Casa Bambi existe un tremendo orgullo implícito: jamás han desvinculado a un colaborador de forma forzosa.

"Pero aquí nunca, gracias a Dios, nunca se ha desvinculado a alguien. Porque nosotros funcionamos, como te digo, como una familia", relató su agradecido dueño.

Hoy en día, la tienda se encuentra instalada desde 2023 en calle Colo Colo 587, esquina Mendoza. Allí ofrecen un surtido catálogo que cubre perfectamente la línea maternal y la ropa de adulto, excluyendo únicamente calzado y colchones. También mantienen la venta de uniformes escolares durante los doce meses. Sumado a ello, la administración ha sabido modernizarse, manteniendo una muy activa presencia digital.

Para toda la familia Uarac, este emprendimiento es inmensamente más profundo que solo cuadrar las cajas. "La gente no viene acá porque pueden haber otros locales más bonitos [...] vienen para acá porque muchas veces ellos destacan el sello, el cariño con la buena atención. El equipo de trabajo nuestro es un equipo maravilloso", reflexionó con franqueza Jorge Uarac. Su filosofía se resume en una frase: "Cuando uno hace las cosas con cariño, yo creo que también eso se premia finalmente".

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