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Conectar con los demás nos salva la vida

por Prensa La Tribuna

Nuestras relaciones y conexiones afectivas no solo nos afectan emocionalmente, sino que también pueden determinar la calidad y duración de nuestra vida, según la neurociencia. Por eso debemos aprendamos a desarrollarlas de manera sana, consciente y significativa, asegura una especialista en este campo.

- Desde la infancia hasta la edad adulta, la manera en que nos conectamos con los demás influye en nuestros niveles de bienestar. / Freepik.

"El cerebro necesita abrazos", afirma la doctora Ana Asensio, (@vidasenpositivo_anaasensio) psicóloga sanitaria, psicoterapeuta y doctora en Neurociencia, con más de veinticinco años de trayectoria, y también especialización en duelo, en Neurodivergencias y en ‘mindfulness’ o atención plena.

Esta afirmación no solo es una forma metafórica de expresar cómo nuestros vínculos afectivos con los demás influyen en nuestra felicidad y bienestar debido a sus efectos positivos en el sistema nervioso, sino que también es el título de su último libro, donde explica cómo construir esos vínculos de forma sana, eligiendo y manteniendo relaciones que nos nutran.

"La neurociencia y la psicología del apego han demostrado que nuestros vínculos y relaciones son decisivos en nuestra salud: no solo nos afectan emocionalmente, sino que también pueden determinar la calidad y duración de nuestra vida", explica Ana Asensio en una entrevista con EFE.

Vínculos afectivos: una necesidad biológica

Asevera que "desde la infancia hasta la edad adulta, la manera en que nos conectamos con los demás influye en nuestros niveles de estrés, en nuestra capacidad de adaptarnos a las adversidades y en la sensación de bienestar general que experimentamos".

"Nuestro éxito, nuestra felicidad e incluso nuestra longevidad están profundamente influenciados por la forma en que construimos nuestras relaciones con los demás", enfatiza.

"Por eso es fundamental aprender a desarrollarlas de manera sana, consciente y significativa, reconocer el enorme impacto que pueden tener en nuestra vida diaria y saber cómo gestionarlas o dejarlas cuando nos producen dolor", apunta.

"Los vínculos no son un `extra´ en la vida. Son una necesidad biológica. Es importante conocer y tener muy presente que nuestro cerebro está diseñado para conectar y para vivir en relación", explica Asensio (https://vidasenpositivo.com).

De hecho, "desde la neurociencia (estudio del cerebro y el sistema nervioso) ya sabemos y hemos demostrado que la calidad de nuestras relaciones influye directamente en nuestra salud física, emocional y mental", enfatiza.

Algunas relaciones ‘suman’ y otras ‘restan’

"Cuando tenemos vínculos seguros, el cerebro interpreta que estamos a salvo y eso hace que se reduzca la activación del estrés (disparado por la hormona cortisol), se regule el sistema emocional y se active la calma", de acuerdo con esta experta.

Añade que "este efecto favorece procesos tan importantes para nuestro buen funcionamiento y nuestra salud como son el sueño, el descanso, la digestión y el sistema inmunológico (defensas orgánicas)".

Por el contrario, "la soledad emocional o los vínculos conflictivos activan circuitos cerebrales de amenaza, que son similares a los relacionados con dolor físico y alteran nuestro cuerpo llegando a causar enfermedades físicas", asegura.

Para la doctora Asensio, "también es importante aclarar que lo que nos protege no es la cantidad de relaciones, sino su calidad".

"Sentirnos vistos, escuchados y sostenidos tiene un impacto directo en nuestra longevidad, en nuestra estabilidad emocional y en nuestra capacidad para afrontar la vida", enfatiza.

Características de las relaciones sanas

"Muchas veces no enfermamos solo por lo que vivimos, sino por cómo lo vivimos en relación con otros", apunta.

Consultada por EFE acerca de qué características reúnen los vínculos que es recomendable que elijamos y mantengamos en nuestra vida, Asensio sostiene que "un vínculo sano no es perfecto, pero sí es seguro. Y eso se nota en cómo te sientes, tu cuerpo lo sabe y te lo va a hacer saber con sensaciones".

Señala que "las relaciones ‘que suman’, es decir aquellas que son constructivas y positivas, tienen varias características claras. En ellas hay respeto, hay coherencia, hay disponibilidad emocional, hay comunicación sincera, hay intención e interés genuino, y hay una sensación de calma interna".

"En las relaciones sanas y de calidad no necesitas forzar, ni demostrar nada constantemente, ni tampoco vas a tener que vivir en alerta", especifica.

"Un buen vínculo afectivo no te desregula (psicológica y emocionalmente), sino que, al contrario, te regula. No te hace dudar de tu valor, te lo recuerda. No te hace sentir pequeño, sino que te permite expandirte", destaca.

"A nivel cerebral, estos vínculos activan circuitos de recompensa, liberan oxitocina, que es la hormona del apego y la confianza, y generan un bienestar sostenido en el tiempo", añade.

"Son relaciones donde puedes ser tú mismo sin miedo, donde hay espacio para cometer errores, y también para la reparación y para el crecimiento conjunto", recalca.

Cuando el ‘enemigo’ es parte de la familia

En opinión de Asensio "elegir bien un vínculo o relación no es buscar a alguien perfecto, sino a alguien emocionalmente disponible, coherente y con quien puedas construir en seguridad".

Sin embargo, hay relaciones que "restan" en lugar de "sumar" y que forman parte de nuestra vida sin que las hayamos elegido, como el vínculo con un familiar cercano que nos produce un malestar sostenido e intenso. ¿Qué podemos hacer en casos como ese?, consultó EFE a la doctora Asensio.

Esta experta considera que ante ese tipo de situaciones "es importante desmontar una idea muy extendida, la de que si es alguien de la familia hay que aguantarlo todo. Eso no es así".

"Cuando un vínculo genera malestar constante, desgaste emocional o incluso daño, lo primero que hay que hacer es tomar consciencia de lo que está ocurriendo, y después ‘ponerle nombre’ a lo que sientes, porque ese primer paso ya es un acto de salud", según asegura.

Después, hay varias claves que, según Asensio, se pueden poner en marcha, como "ponerle límites a esa persona, no desde el rechazo, sino desde el autocuidado, decidiendo qué le permites y qué no, y ajustar nuestras expectativas a la realidad, dado que muchas veces sufrimos esperando que el otro cambie o nos dé algo que esa persona no puede o no sabe dar".

Esta especialista también recomienda "cuidar la distancia emocional o física que mantenemos con esa persona, si fuera necesario, lo cual no siempre consiste en cortar la relación con ella, pero sí regular cuánto nos exponemos a ella".

"Trabajar el vínculo interno, aprender a validarnos a nosotros mismo, a sostenernos emocionalmente, para no depender de esa relación, también son unas medidas de autocuidado emocional eficaces para abordar este tipo de vínculo nocivo, según explica.

"No podemos elegir la familia en la que nacemos, pero sí podemos elegir cómo nos relacionamos con ella en la vida adulta.

Muchas veces el acto más sano no es mantener la relación tal y como está, sino transformarla, o limitarla para proteger nuestra salud emocional y por consiguiente física", concluye.

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