domingo 18 de agosto, 2019

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La eterna vigilancia es el precio de la libertad

Presentamos un extracto escrito por el sociólogo argentino Luis García Fanlo quien a través de un análisis del dispositivo Dron, rescata la vigencia de Vigilar y Castigar, una de las obras más importantes del filósofo francés Michel Foucault.


 Por GABRIEL DIAZ CERDA

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El drone es el ejemplo más paradigmático de la vigencia del panoptismo en nuestra actualidad. Se trata de una tecnología de gobierno de los cuerpos y las almas que convierte al dispositivo panóptico en la sinapsis de la nueva red de poder y saber que permite la subsunción de las sociedades de soberanía.

El drone lleva una videocámara que puede servir tanto para vigilar poblaciones, manifestaciones o insurgencias como para darnos un plano cenital del estudio de televisión que está emitiendo el “Bailando por un Sueño”.

Además, puede llevar armas de guerra al mismo tiempo que también sirve para que lleguen medicamentos o alimentos o comunicaciones o señal de Internet a poblaciones aisladas por catástrofes naturales, epidemias, hambrunas, guerras civiles o encerradas en campos de refugiados.

Usan drones las cadenas informativas de televisión e incluso la hinchada del club Boca Juniors para burlarse de su eterno rival River Plate en medio de un partido de fútbol. Próximamente cada automóvil vendrá con un drone que proveerá al conductor de información clara y precisa sobre el tránsito. Estuve en un negocio de electrodomésticos y un joven de clase media-media se compraba un drone vaya uno a saber para qué, lo hizo en 12 pagos con tarjeta de crédito. El drone vigila y castiga, hace morir y deja vivir, hace vivir y deja morir, y también puede hacer morir y hacer-hacer morir, hace pasar simulacros por realidad todo ello convenientemente manejado a distancia por un operador que se siente jugando un videojuego.

El drone es el dispositivo técnico que hace posible pasar de la sociedad disciplinaria a la sociedad de seguridad, vigilancia y control implementando el panoptismo, al que Michel Foucault define como “la vigilancia permanente, exhaustiva, omnipresente que hace todo visible a condición de volverse invisible”.

SOCIEDAD DISCIPLINARIA

En la sociedad disciplinaria, la que Michel Foucault analiza en Vigilar y castigar y que está íntimamente asociada al panóptico y el panoptismo, los sistemas de circuito cerrado de televisión (CCTV) se empleaban para videovigilancia de emplazamientos de encierro o cerrados: prisiones, bancos, comisarías, supermercados, hospitales psiquiátricos.

En la actualidad ya no queda ningún espacio cerrado sin cámaras de vigilancia que se han derramado hacia escuelas, edificios públicos y privados, oficinas y fábricas, shopping, almacén. Además, se expande a entornos y espacios abiertos como plazas, calles, estadios de fútbol y rutas.

La etapa superior del panóptico y el panoptismo haciendo omnipresente y omnisciente al Gran Hermano orwelliano porque es la población la que solicita que la vigilen, que coloquen más y más cámaras de videovigilancia, y hasta los delincuentes, contraventores e infractores menores no pueden resistirse a la tentación de ofrecerse a la mirada de las cámaras.

Que existan cámaras de videovigilancia no implica que éstas funcionen o que haya alguien mirando lo que éstas captan o que finalmente lo que capten tenga algún valor jurídico o legal. Hasta en eso, la actual sociedad de vigilancia opera como un panóptico de Bentham.

DRONES Y VIDEOVIGILANCIA

Vale la pena recordar que en el proyecto original del panóptico, Bentham dice que lo ideal sería que todos los ciudadanos se turnaran para ocupar el lugar del vigilante en la Torre Central para de esa manera democratizar el sistema. Los programas de televisión basados en las “cámaras ocultas” muestran lo que registran las cámaras de videovigilancia incluso desde el mismísimo centro municipal, policial o sencillamente de control de tráfico.

Ahí vemos los paneles con decenas de televisores, cada uno de los cuales tiene su pantalla cuadriculada en una decena de pequeñas pantallas, monitoreadas por antiguos trabajadores de call center.

Y esto es solamente el comienzo ya que desde hace por lo menos una década, tanto en nuestro país como en casi todos los grandes centros urbanos del mundo surgen las comunidades de vecinos que implementan en sus barrios cerrados, semicerrados o abiertos todo tipo de dispositivos panópticos de vigilancia, sin control del Estado, sin relación con los organismos de seguridad ni de gobierno, por fuera de la Ley.

El panoptismo que describe Michel Foucault en Vigilar y castigar pone en juego estas nuevas realidades que van emergiendo en las formas de organización de la vida urbana en el siglo XXI y que sin embargo más que producir una novedad es la reactualización de prácticas tan antiguas como las que caracterizaron la subsunción del poder soberano en el disciplinario.

Me refiero a esos movimientos sociales que aparecieron en Francia e Inglaterra en la transición del feudalismo al capitalismo que en nombre de la moral, la religión o sencillamente por temor a las represalias por parte de los Señores o la Corona, se dedicaban a identificar, combatir y exponer ante las autoridades a libertinos, vagabundos, locos, borrachos, pervertidos, brujas, apóstatas, revolucionarios o extranjeros de dudosas costumbres.

Para que exista panoptismo tiene que instalarse en el alma de las poblaciones la figura del “individuo peligroso”: el panoptismo consiste en vigilar a los individuos peligrosos, hacerlos visibles e inscribirlos en una grilla de inspección permanente.

En la era del Circuito Cerrado de Televisión (CCTV) el individuo peligroso es básicamente el encerrado en una prisión u hospital psiquiátrico, en la era en que el CCTV se ha expandido a toda la sociedad y a toda la población gracias a los dispositivos de videovigilancia masiva, el individuo peligroso somos todos.

Todos somos el individuo peligroso del Otro, y el Otro somos todos. Individuos peligrosos también pueden ser los gobernantes, los policías y agentes de la Ley, los Jueces y los Tribunales, el marido ejemplar y el novio de juventud, el padre o la madre. Ya no se trata de hacer justicia por mano propia sino también vigilancia por mano propia.


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