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La Tribuna
Columnista

Farmacias sin atajos

Francisco Álvarez

Académico de Química y Farmacia UNAB Exseremi de Salud, Región de Valparaíso

por Francisco Álvarez


Recientemente se presentó el proyecto de ley 18.719-11, que modifica el Código Sanitario  para permitir que otros profesionales o técnicos de salud con formación farmacéutica asuman la dirección técnica de las farmacias. La iniciativa busca facilitar la apertura de farmacias rurales y reducir precios. Sin embargo, permite este reemplazo en todo el país, no solo en áreas rurales, y, tal como está planteada, no garantiza el cumplimiento de esos objetivos.

Considero que esta iniciativa debilita la seguridad sanitaria. El proyecto no demuestra una preparación equivalente en los títulos que habilitaría. Cursar asignaturas de farmacología no acredita las competencias necesarias para dirigir una farmacia. La formación del químico farmacéutico integra conocimientos sobre medicamentos, calidad, conservación, interacciones y uso clínico, necesarios para resguardar la calidad de la atención y la seguridad de los pacientes.

La farmacia es un centro de salud cercano a la comunidad donde las personas acuden sin agendar una consulta. Es una puerta de entrada para resolver dudas, orientar tratamientos y detectar problemas que requieren derivación. Su función sanitaria exige revisar recetas, advertir interacciones y prevenir daños: combinar un anticoagulante con un antiinflamatorio puede provocar una hemorragia. Debilitar la formación exigida compromete esa protección.

Además permite promover el uso racional de medicamentos y reconocer señales de alarma para derivar a tiempo.

Además, Chile ya cuenta con almacenes farmacéuticos, una alternativa regulada para mejorar el acceso rural. Su dirección corresponde a un práctico de farmacia y pueden vender medicamentos de venta directa y determinados productos bajo receta autorizados por la normativa. Su alcance limitado permite ampliar la disponibilidad sin equipararlos a una farmacia.

El proyecto de ley tampoco obliga a abrir establecimientos en zonas desatendidas, asegurar medicamentos esenciales ni transferir ahorros a los pacientes. La iniciativa no garantiza mejor acceso y permite disminuir la protección sanitaria donde existe cobertura. El acceso debe garantizar el uso seguro.

Para mejorar efectivamente el acceso, se requieren medidas concretas. Primero, fortalecer las farmacias de atención primaria, con abastecimiento oportuno, continuidad de tratamientos y una oferta de medicamentos acorde con las necesidades de la comunidad.

Segundo, ampliar la intermediación de Cenabast en farmacias independientes y comunales.

Tercero, incentivar la instalación de almacenes farmacéuticos donde resulten adecuados y fortalecer las farmacias con químicos farmacéuticos donde se requiera una oferta amplia.

Cuarto, organizar distribución rural y entrega domiciliaria con conservación, trazabilidad y

orientación.

Debemos medir el avance por menos viajes, menor gasto y menos interrupciones de tratamiento. Vivir lejos no puede significar recibir atención menos segura. Mejorar el acceso exige acercar medicamentos y atención farmacéutica a quienes hoy carecen de ambos

Francisco Álvarez, académico de Química y Farmacia UNAB,

exseremi de Salud, Región de Valparaíso

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