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Columnista

Nadie enferma ni sana en soledad

Martín Castro Yáñez

Doctor en Ciencias del Desarrollo y PsicopatologíaDocente de la Escuela de Psicología, UST, Los Ángeles.

por Martín Castro Yáñez

Al terminar septiembre, mes de la prevención del suicidio, entramos en un período particular: Ente el 18 de septiembre y Navidad, cuando se acumulan cierres de año, evaluaciones y balances.

En mi día a día como docente, no es extraño ver caras tanto de motivación como de desánimo, ansiedad por la próxima evaluación o angustia por la reprobación.

Tenemos la tendencia a explorar el riesgo de suicidio dentro de la persona; vale decir, en su historia, en un diagnóstico paralelo, en qué tan "sensible" es, entre otros. No es extraño que la frase "dale pa' delante" o "tú siempre puedes" genere una contradicción enorme y profunda con la naturaleza del dolor psíquico, mostrándonos que los extremos siempre serán problemáticos: la hiper responsabilización individual y, como veremos también, el determinismo estructural, pueden llevarnos por caminos tan desalentadores como ese. Sin embargo, ese "échale ganas" casi siempre viene de alguien que quiere ayudar, pero no sabe cómo.

Urie Bronfenbrenner sigue siendo uno de los psicólogos más destacados de la historia. Su modelo tuvo actualizaciones hechas por él mismo a lo largo del tiempo, y una de ellas es el factor tiempo. La familia, la escuela, el trabajo y las políticas y leyes que regulan todo lo anterior, como la cultura y la economía, son parte de quienes somos. Cómo interactuamos y cómo impactamos y somos impactados por el entorno es importante. Así, un adolescente que comienza a aislarse puede estar inserto en una familia que no sabe leer esas señales, o una escuela que lo interpreta como "flojera", lo cual va profundizando el síntoma. Ante el mismo ejemplo, ese adolescente no está sentenciado, sigue en interacción con su medio, y frente a un amigo o un docente que pregunta, o una familia organizada, puede iniciar una trayectoria distinta.

Es por eso por lo que hablar sobre la estructura que sostiene el malestar, y lo que nos llama este mes, la prevención del suicidio no es eximir a las personas de su propio proceso de sanación, es más bien poner en el debate que ese proceso nunca ocurre en soledad ni en el vacío. Finlandia, por un lado, tuvo un período de capacitación masiva de médicos en atención primaria para la detección de depresión en niveles cotidianos, reduciendo tasas de suicidio en casi un tercio a lo largo de una década. Japón entendió que un detonante importante no era "la depresión" en el vacío, sino el sobreendeudamiento y la vergüenza que eso conllevaba en las personas, incluyendo en sus medidas la asesoría legal y financiera gratuita como plan nacional junto a medidas contra el trabajo extremo. Australia implementó un enfoque comunitario amplio, con campañas masivas a personas comunes y corrientes, para lograr sostener conversaciones difíciles. Estos son solo algunos ejemplos de cómo la prevención del suicidio puede ser abordada con una mirada comprensiva.

Estudiantes de pregrado como de posgrado atraviesan etapas de alto riesgo, y la universidad, sin tener la exclusiva responsabilidad al respecto, sí funciona como un microsistema, en palabras de Bronfenbrenner. Un docente que nota una ausencia, que pregunta genuinamente "¿cómo te sientes?", o que simplemente se pone como una meta el generar un ambiente que sea un equilibrio entre la exigencia y el confort, suena a una artesanía, y creo que lo es. A eso me gustaría llamarle hacer prevención estructural.

Necesitamos sumergir en nuestra cultura el hablar sobre el malestar sin juicios ni estigmas. Podemos formarnos y ser agentes observadores y activos. Fortalecer la continuidad del cuidado y el seguimiento activo en todo orden de profesionales, y finalmente, desde las políticas públicas, debemos entender que las condiciones estructurales son muy relevantes: no son solo los individuos, también es su contexto económico, es la vivienda, es el trabajo y es la salud.

Finalmente, concluyendo el mes de la prevención del suicidio, me gustaría dirigir un mensaje, y es que, aunque el dolor extremo es real e insoportable, es abordable cuando generamos vínculos y condiciones que lo permitan; ese apoyo puede comenzar desde un terapeuta, pero uno de los grandes trabajos es ampliarlo, porque nadie enferma ni sana en soledad. La línea de prevención del suicidio es: *4141 (24 h de atención, gratuito y confidencial).

Martín Castro Yáñez

Doctor en Ciencias del Desarrollo y Psicopatología

Docente de la Escuela de Psicología, UST, Los Ángeles.

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