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Columnista

Burnout laboral: cuando el trabajo comienza a desgastar la salud

Juan Videla Alfaro

Máster en Salud Mental, Facultad EnfermeríaUniversidad Andrés Bello

por Juan Videla Alfaro

Sentirse cansado después de una jornada exigente es normal. Sin embargo, cuando ese agotamiento se vuelve persistente, se acompaña de una creciente distancia emocional respecto del trabajo y de la sensación de rendir cada vez menos, podría tratarse de burnout. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo define como el resultado del estrés crónico en el trabajo que no ha sido gestionado adecuadamente y lo reconoce como un fenómeno ocupacional asociado específicamente al ámbito laboral.

Identificar sus señales tempranamente es fundamental. Más que un episodio aislado de cansancio, el burnout suele manifestarse mediante síntomas que persisten en el tiempo: agotamiento físico y emocional que no mejora con el descanso, irritabilidad, sensación de vacío, pérdida de interés por tareas antes significativas, dificultades para concentrarse o tomar decisiones, alteraciones del sueño y molestias físicas como dolores de cabeza o problemas digestivos.

También pueden observarse cambios en la conducta laboral, como el aislamiento del equipo, la postergación constante de responsabilidades o la sensación de que el trabajo nunca termina. Cuando estos signos se mantienen y se relacionan claramente con las condiciones laborales, es recomendable buscar apoyo a través de la jefatura, los programas de salud ocupacional o un profesional de salud mental. No existe una prueba única que permita confirmar el diagnóstico por sí sola.

Las causas del burnout van más allá de las características individuales. La evidencia identifica factores de riesgo psicosocial como la sobrecarga de trabajo, jornadas extensas o inflexibles, escasa autonomía, falta de reconocimiento, discriminación, acoso laboral y bajo apoyo de las jefaturas. En Chile, la Superintendencia de Seguridad Social también ha advertido sobre el impacto de las exigencias excesivas, los conflictos y la violencia laboral en la salud mental.

La prevención requiere acciones concretas: revisar cargas de trabajo y plazos, garantizar tiempos adecuados de descanso, promover liderazgos respetuosos y generar espacios seguros para solicitar ayuda. Escuchar estas señales y mejorar las condiciones que las originan es una responsabilidad compartida, aunque la prevención comienza, principalmente, en la organización del trabajo. Cuando el malestar es intenso o persistente, buscar apoyo profesional es una decisión oportuna y necesaria.

Juan Videla Alfaro

Máster en Salud Mental, Facultad Enfermería

Universidad Andrés Bello

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