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Columnista

Semillas: cuando regular el mercado termina sembrando concentración

Gastón Saavedra Chandía

Senador de la República

por Gastón Saavedra Chandía

El 8 de junio de 2026, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) publicó para consulta pública una propuesta de resolución destinada a establecer nuevos requisitos para la comercialización de semillas corrientes. Sobre el papel, el objetivo parece razonable: mejorar la trazabilidad y ordenar el mercado. Sin embargo, cuando se analiza con mayor profundidad, surge una pregunta inevitable: ¿quiénes serán realmente capaces de cumplir con esta nueva regulación?

La Constitución Política de la República garantiza, en su artículo 19 N°21, el derecho a desarrollar cualquier actividad económica lícita, respetando las normas legales que la regulen. Es decir, el Estado puede regular, pero esa regulación no debiera transformarse en una barrera que, en los hechos, excluya a los pequeños productores del mercado.

Cuando una norma exige registros, procedimientos administrativos, etiquetados y mayores requisitos para comercializar, las grandes compañías cuentan con departamentos legales, equipos técnicos y recursos para cumplirlos. El mediano y pequeño agricultor muchas veces no tienen esa posibilidad.

Ese es el verdadero riesgo.

No se trata únicamente de una discusión jurídica. Se trata de una discusión económica y social. Cada nueva exigencia regulatoria tiene un costo, y ese costo no pesa igual sobre una multinacional que sobre un productor que vende semillas adaptadas a su territorio o intercambia material vegetal dentro de su comunidad.

Chile ya conoce las consecuencias de la concentración. El mercado de los fertilizantes terminó dominado por pocos actores, reduciendo la competencia y aumentando la dependencia de miles de agricultores. Hoy corremos el riesgo de avanzar hacia una estructura similar en el mercado de las semillas, donde solo quienes dispongan de capital suficiente podrán cumplir todas las exigencias regulatorias. Al monopolio de los fertilizantes podríamos terminar sumando el monopolio de las semillas, con todas las consecuencias que ello implica para la competencia, los precios y la seguridad alimentaria.

Las semillas no son un producto cualquiera. Constituyen la base de la seguridad alimentaria, de la biodiversidad y del patrimonio agrícola construido durante generaciones por agricultores y familias campesinas. Limitar, directa o indirectamente, la posibilidad de que los pequeños productores puedan participar en este mercado significa debilitar precisamente a quienes sostienen buena parte de la producción de alimentos del país.

Por eso resulta indispensable que cualquier regulación garantice expresamente que la conservación, reproducción e intercambio libre de semillas no quedarán afectados por interpretaciones administrativas futuras. La certeza jurídica también protege a quienes producen alimentos.

Esta discusión, además, deja en evidencia una profunda contradicción política. Resulta difícil entender que un gobierno que llegó prometiendo más libertad económica, menos burocracia y una decidida lucha contra la denominada "permisología", hoy impulse un sistema normativo cada vez más exigente para la comercialización de un insumo tan básico como las semillas. Mientras se busca eliminar regulaciones para grandes proyectos de inversión, se crean nuevas cargas administrativas que terminarán siendo mucho más fáciles de cumplir para las grandes corporaciones que para el mediano y pequeño productor agrícola. En los hechos, el Gobierno del Presidente José Kast vuelve a favorecer a quienes concentran el mercado, trasladando mayores costos y exigencias a quienes producen los alimentos que diariamente llegan a la mesa de los chilenos y chilenas.

Regular no puede convertirse en sinónimo de concentrar. Modernizar no puede significar desplazar a quienes durante décadas han sostenido la producción de alimentos del país. Si de verdad creemos en la libertad económica, ella debe ser para todos y no solo para quienes cuentan con el capital suficiente para adaptarse a nuevas exigencias regulatorias.

Chile necesita reglas claras, pero también mercados abiertos, competencia real y protección efectiva para la agricultura familiar campesina. Porque cuando las semillas quedan en manos de unos pocos, también comienza a concentrarse el futuro de nuestra alimentación.

Gastón Saavedra Chandía

Senador de la República

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