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Columnista

La escuela cerró ¿también la familia?

Juan Pablo Catalán

Académico e investigador de Educación UNAB.

por Juan Pablo Catalán

Hay una escena que comienza a repetirse cada invierno en miles de hogares chilenos. Detrás de la puerta de una habitación, un niño pasa horas frente a una pantalla. En otra, una adolescente conversa más con un algoritmo que con su propia familia. Mientras tanto, el comedor permanece en silencio. Paradójicamente, durante las vacaciones destinadas a compartir, cada integrante de la casa parece habitar un mundo distinto. Quizás la mayor preocupación no sea que las escuelas cierren por dos semanas, sino que también lo hagan las conversaciones familiares.

Hemos instalado la peligrosa idea de que educar es una responsabilidad que comienza cuando se abre la puerta de la escuela y termina cuando inicia el receso. Sin embargo, las vacaciones de invierno nos recuerdan exactamente lo contrario: la educación nunca se detiene. Cambia de escenario. Sale de la sala de clases y entra al hogar, al parque, al museo, al teatro, a la cocina y a la mesa donde una familia vuelve a encontrarse.

El mayor riesgo de estas vacaciones no es el frío. Es que permitamos que niños, niñas y jóvenes pasen días enteros encerrados en sus habitaciones, desplazando la conversación por la conexión permanente y los vínculos por el consumo inagotable de contenidos. Las pantallas no son el enemigo; el verdadero problema aparece cuando reemplazan experiencias que ningún dispositivo podrá ofrecer: escuchar una historia familiar, debatir una película, preparar una receta juntos, visitar a los abuelos, recorrer un zoológico, maravillarse en un museo o descubrir que colaborar con las tareas del hogar también forma ciudadanos responsables. Allí se aprende empatía, compromiso, autonomía y gratitud.

La evidencia confirma que la participación activa de las familias constituye uno de los factores más relevantes para el desarrollo socioemocional y el aprendizaje de niños y adolescentes (OCDE, 2021). Del mismo modo, la UNESCO (2021) sostiene que la educación es una responsabilidad compartida entre la escuela, la familia y la comunidad, mientras que el Ministerio de Educación ha insistido en que la formación integral solo es posible cuando todos los adultos asumen un compromiso educativo común (Ministerio de Educación de Chile, 2023).

Quizás hemos confundido entretener con educar. Nos preocupamos de llenar las vacaciones de panoramas, cuando lo que más necesitan muchos hijos es llenar de sentido el tiempo compartido. Porque educar también ocurre cuando un padre escucha sin mirar el teléfono, cuando una madre cocina junto a sus hijos, cuando una familia ríe alrededor de la mesa o cuando una caminata termina en una conversación que permanecerá en la memoria mucho después de que termine el invierno.

Las vacaciones pasarán en unas semanas. La infancia, en cambio, pasa una sola vez. Y tal vez el mejor panorama de estos días no sea viajar más lejos, sino volver a encontrarnos. Porque hay lecciones que ninguna escuela puede enseñar si primero no nacen en el corazón de una familia.

Juan Pablo Catalán, académico e investigador de Educación UNAB.

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