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Columnista

Lo que esconde un hashtag

Oscar Monett Recabal

Economista - Profesor Investigador Faro UDD

por Oscar Monett Recabal

En los últimos meses se ha vuelto común leer en redes sociales la frase «disfruten lo votado». Suele aparecer como comentario irónico frente a errores o dificultades del gobierno de turno, dirigido a quienes apoyaron a la opción ganadora. A veces funciona como una forma rápida de expresar frustración; otras, como una manera de marcar distancia con quienes tomaron una decisión distinta.

Sin embargo, la frase simplifica en exceso algo que, en realidad, es bastante más complejo. Los votantes no conforman un bloque uniforme, cada uno con preferencias distintas. En economía política se llama «teoría del votante mediano»: los candidatos en una democracia representativa buscan maximizar su rendimiento electoral acercándose a un punto de equilibrio entre preferencias diversas. Por eso, en una elección conviven quienes están plenamente convencidos, quienes dudan, quienes votan estratégicamente y quienes simplemente optan por «el mal menor». La política democrática, más que una confrontación entre bandos homogéneos, se parece a un equilibrio inestable entre preferencias diversas. De ahí se sigue que ganar una elección no implique imponer una verdad absoluta, sino articular una mayoría suficiente y muchas veces frágil.

También hay una diferencia importante entre gobernar y observar desde fuera. Quien gobierna toma decisiones concretas, administra recursos limitados y, tarde o temprano, enfrenta las consecuencias de sus actos. Es inevitable que cometa errores. La oposición, en cambio, juega en un terreno más cómodo: puede criticar sin enfrentar directamente las restricciones que impone la realidad y tiende a permanecer en segundo plano en la discusión pública. Eso no invalida su rol, pero sí hace más fácil caer en simplificaciones o en lecturas políticas demasiado seguras.

El problema de frases como «disfruten lo votado» es que refleja una tendencia a reducir al otro a una caricatura. Cuando la discrepancia política se transforma en una etiqueta o un hashtag, se pierde de vista que, en democracia, convivimos con decisiones imperfectas y con desacuerdos legítimos.

Esto no es exclusivo de un gobierno o una oposición en particular. Es una dinámica que se repite y es válido para estos opositores y oficialistas, y para los anteriores y los que vendrán. Por eso, más que buscar tener razón a posteriori, el desafío de la oposición, cualquiera que sea, está en sostener un debate público que combine convicción con responsabilidad. Debe ser firme en sus ideas, rigurosa controlando al gobierno, y consiente de que la democracia no es un tribunal para decidir quién es moralmente superior. Finalmente, la democracia un sistema que permite procesar diferencias, corregir rumbos y, sobre todo, convivir entre los diversos.

Oscar Monett Recabal.

Economista. Profesor Investigador Faro UDD

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