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La Tribuna
Columnista

La crisis no es del agua, es de la gestión

Gabriel Caldés

Consejero
Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI).

por Gabriel Caldés

Cada 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua. En muchos países es una fecha simbólica. En Chile, en cambio, debería ser un hito incómodo. Llevamos más de quince años enfrentando una escasez hídrica estructural y, sin embargo, todavía discute más de lo que decide.

La llamada "megasequía", que comenzó alrededor de 2010, es en realidad la expresión de un cambio estructural en la disponibilidad de agua; no se trata de reducir el problema solo a un fenómeno climático, transitorio, eso es una simplificación. Según la Fundación Chile, el cambio climático explica cerca del 40% del fenómeno. El 60% restante se relaciona con factores de gestión como gobernanza, infraestructura y planificación.

Chile no es, en términos globales, un país pobre en agua. El problema es otro: una profunda desigualdad territorial en su distribución. En la zona norte y centro se concentra cerca del 85% de la población y buena parte de la actividad productiva, pero allí solo se dispone de alrededor del 30% del recurso hídrico y las condiciones de estrés son cada vez más severas. En contraste, el sur concentra cerca del 70% de la disponibilidad hídrica, mientras alberga solo al 15% de la población.

Durante las últimas tres décadas, se han logrado avances notables en sectores estratégicos como el sanitario y el energético: se construyó uno de los sistemas de agua potable y saneamiento urbano más desarrollados del mundo, con cobertura prácticamente universal. En paralelo, la matriz eléctrica ha incorporado una proporción creciente de energías renovables: cerca del 38 % corresponde a energías renovables no convencionales y alrededor de un 20 % a generación hidroeléctrica.

Estos avances no ocurrieron por casualidad. Fueron el resultado de políticas públicas robustas, reformas institucionales y una combinación de liderazgo estatal con operación e inversión privada. Hoy esos sectores son reconocidos internacionalmente.

Pero esos logros pertenecen a otra época. Lo que ha cambiado es la velocidad con que se desarrolla el problema y al mismo tiempo, la ausencia de liderazgo y de una política pública de largo plazo capaz de enfrentarlo con decisión. Las instituciones saben diagnosticar y qué hacer con el problema: lo que aún falta es la toma de decisiones a tiempo. 

Vemos que Chile necesita ampliar su capacidad de almacenamiento y regulación mediante soluciones innovadoras que vayan más allá del modelo tradicional de embalses. Se debe acelerar la normativa y proyectos de desalación y reúso de aguas para reducir la presión sobre las cuencas continentales, pero por sobre todo, necesita una mejor gobernanza del agua y una gestión efectiva a escala de cuencas.

Por eso el Día Mundial del Agua debería ser un recordatorio estratégico. En materia hídrica, las naciones no fracasan por falta de diagnósticos. Fracasan por postergar decisiones y el país ya no tiene mucho tiempo.  Chile no tiene un problema de agua, tiene un problema de gestión y toma de decisiones. 

Gabriel Caldés

Consejero

Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI).

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