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La Tribuna
Columnista

Proyectar el gobierno de emergencia

Kevin Canales García

por Kevin Canales García

Queda menos de un mes para que asuma el próximo gobierno y la narrativa que busca instalar parece clara. Los mal llamados "temas valóricos" —como si discutir sobre delincuencia, migración y crecimiento económico no estuvieran atravesados por profundas concepciones valóricas sobre el hombre y su modo de vivir en sociedad— no tendrán prioridad en el gobierno de emergencia.

El relato ha sido consistente y le hizo sentido a la ciudadanía. Si el Estado tiene graves deficiencias para cumplir su misión principal, esto es, asegurar un orden social donde los ciudadanos posean seguridad sobre su vida y el fruto del trabajo, entonces no corresponde priorizar otras agendas.

Las designaciones en ministerios y subsecretarías han mostrado ese camino. Las diferencias doctrinales no impidieron la conformación de un gobierno con una amplitud sin precedentes. Allí convivirán personas ligadas a gobiernos de centroizquierda, representantes de variadas familias liberales, socialcristianos, republicanos y gremialistas. La capacidad de aunar a mundos tan distintos es resultado del discurso convocante y pragmático del Presidente electo, muy alejado de la caricatura que lo tilda de "ultraderechista".

Con todo, la gestión del gobierno de emergencia tiene dos riesgos. El primero es de práctica política. Es tanta la complejidad del Estado, y tantos los asuntos a resolver, que será imposible soslayar ciertos dilemas de conciencia o cuestiones sociales sensibles. Y cuando el Presidente use sus prerrogativas para recortar gastos, terminar programas o establecer reglamentos basados en una comprensión particular de los valores que deben primar en la sociedad chilena, la explicación técnica montada sobre la falsa neutralidad moral del Estado no sirve.

El segundo tiene que ver con cómo proyectar el éxito del gobierno en el plano de la emergencia. Estar en emergencia supone celeridad y resultados inmediatos. Los primeros 90 días son clave en dos dimensiones: usar intensivamente las atribuciones constitucionales en materia administrativa y desplegar una robusta agenda legislativa. Tiene que construirse la percepción real de que se está haciendo todo por sacar al país del estancamiento.

Pero el éxito del gobierno también se mide en su proyección más allá de estos cuatro años. Difícil misión si se considera que el triunfo de las oposiciones es la regla general. Aquí subyace el principal desafío. Un gobierno de emergencia permite abordar la urgencia, pero no dice nada sobre la dirección a la cual quiere llevar al país a largo plazo. Y eso se construye con una propuesta política y cultural, no meramente técnica. Las diferencias con los aliados se dialogan, para que las voluntades se unan bajo el paraguas de un proyecto, y no de un liderazgo particular. Por eso preguntarse por la "coalición" gobernante es de vital importancia. La unión basada en el mero deseo de ascender al poder lleva directo al fracaso.

Si no, preguntémosle al Presidente Boric por la lección aprendida.

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