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Columnista

Fe y esperanza

Luis Rozas Mardones

Psicólogo

por Luis Rozas Mardones

He decidido abordar una historia de vida, que en el ejercicio de la psicología clínica, pero particularmente como psicólogo de cuidados paliativos, me correspondió vivir junto a un paciente, un gran ser humano, que luchó contra una compleja enfermedad.

Su historia comienza a escribirse el 9 de octubre del año 2020, cuando encontrándose sano, fue a un control médico rutinario, en donde luego de una serie de exámenes, su médico le diagnosticó para su sorpresa, que padecía un invasivo cáncer de colon.

Ante tal nefasta noticia, su tiempo se detuvo, las luces se apagaron, lo construido hasta ahí se derrumbó y él cayó en un importante cuadro depresivo, que lo llevó a bajar a lo más profundo de sus propias tinieblas, la vida perdió todo sentido... lo único que le quedaba eran los suyos, su esposa, sus hijos y sus seres queridos, los que se hicieron uno y lo apoyaron sin dudar durante todo su proceso.

Por eso, vale la pregunta, ¿Quién está preparado para recibir una noticia así?; nadie, ¡absolutamente nadie! y menos su entorno, no existe manera de cuantificar o herramientas que enseñen en la escuela para asimilarlo. Pero no todo está perdido y a pesar de que no existe una única receta, te contaré uno de mis secretos para enfrentar un problema de tal magnitud:  por un lado el amor que es transversal a todo lo que hacemos, pero por otro dos palabras complementarias y poderosas para mí, que aplico incluso en mi propia vida, "la fe y la esperanza".

Esas dos sencillas expresiones, son el centro de mi artículo, no es contarles una historia ajena con lujo de detalles, sino que usar el marco de estas dos palabras, para graficar cómo se debe enfrentar la adversidad, por más imponente o cruda que pueda ser, ese es el fin último de ésta reflexión, espero que te guste este viaje, será rápido, así que abróchate el cinturón de seguridad.

Partiré preguntándote, ¿Es lo mismo la fe que la esperanza?, probablemente tu primer impulso te lleve a decir que son lo mismo, pero no es así, son términos que están relacionados, pero definitivamente son dos cosas diferentes.

La fe se refiere a la total confianza en algo, implicando un consentimiento intelectual de un conjunto de hechos, así como precisamente la confianza en esos hechos. Por otro lado la esperanza, se refiere a la expectativa ferviente de creer que algo bueno va a pasar, es una expectativa confiada, en donde deseas que algo suceda que precisamente proviene de la fe.

La actitud que se tome, es vital ya que puedes escoger conscientemente de qué manera quieres enfrentar la dificultad, si te dejarás abatir con facilidad o si te harás cargo, para abordarla decididamente y con convicción. Fue esa última la elección de mi paciente, dejar la inacción y avanzar en su proceso de salud-enfermedad, con dos grandes herramientas, "fe y esperanza", que no hace las cosas fáciles, las hace posibles, fue un largo camino, con altos y bajos, como una intrincada montaña rusa, las luces o sombras valieron la pena.

La gran lección practicada y aprendida es que a pesar que el proceso duela, agote, que ya no deje motivación, que cualquier esfuerzo se vea estéril o que pareciera que se está compitiendo contra un gran gigante, el mensaje hacia mi paciente, fue siempre...no pierdas la fe y sigue adelante con esperanza, cosas buenas vienen en camino. Esas aseveraciones, a la larga se convirtieron en el combustible de ese motor enfermo.

Fueron años con la incertidumbre diaria de vida o muerte y una tarde...cuando salía de mi trabajo regular, recibí un llamado de un número que no conocía, la verdad...eran gritos, todo era indescifrable y no entendí nada de lo que me decía, me mantuve en la llamada, al poco andar entre lágrimas y risas, me di cuenta que era mi paciente, el mismo del que he hablado, quien pensó en mí y emocionado me llamó para contarme, que todo el tratamiento había resultado bien y que su último examen médico, determinó que ya no tenía cáncer.

No sé si voy a ser capaz de transmitirle lo que sentí, pero en palabras simples fue tan potente para mí, pasó rápidamente por mi mente todo lo vivido en este camino solidario, se transformó la noticia en algo tan maravilloso, que recién ahí dimensioné que mi pequeño granito de arena, aportado sesión a sesión, no fue eso, sino que era en realidad una semilla, que germinó en el corazón de mi paciente y dio el fruto de estar vivo y sano, el solo hecho de evocar el recuerdo, me vuelve a emocionar y me sigue haciendo muy feliz, me imagino cómo estará él y su familia.

Mucho mérito tiene el equipo médico y el entorno directo del paciente, pero en mi convicción, siento que la fe y la esperanza, lograron lo que parecía imposible, esta nueva oportunidad o reinicio en la vida, que hace que hoy sí se pueda ver el cielo, escuchar la lluvia, oler, saborear, moverse, sentir, reír, llorar, haciendo que cada latido del corazón se sienta con más fuerza y anuncie que está de vuelta la vida.

Si llegaste hasta aquí, piensa en esta sencilla y humilde reflexión, "nacer es un milagro, estar vivo es un regalo, tener salud es una bendición y vivir en paz es la felicidad, ¡¡te deseo un maravilloso día!!

Luis Rozas Mardones, psicólogo

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