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Opinión

Hacer bien el bien en este nuevo Chile


 Por Cecilia Ponce
Subdirectora de operación social territorial del Hogar de Cristo Región del Biobío

CECILIA-PONCE

Comprendemos y acogemos los sentimientos que despierta el traspaso de las residencias de larga estadía Villa Giacaman de Hualpén y San Juan de Los Ángeles, que como Hogar de Cristo dejaremos de operar en julio de 2024, en un proceso largo, cuidadoso y responsable con las 82 personas mayores que atendemos en ellas. Son 55 en la primera y 27 en Los Ángeles. A esto se suma que la fundación ha diseñado un plan de acompañamiento para los trabajadores.

Ambas residencias son de larga data y tienen en su génesis a familias y comunidades vinculadas a los territorios donde se levantan, que las sienten propias y virtuosas, en el sentido que despiertan la solidaridad y el voluntariado en su entorno. Sienten presente en ellas la desafiante frase del filósofo de la Ilustración francesa Denis Diderot, cuando decía que hay que hacer bien el bien, ideal que ha sido siempre el imperativo de excelencia que mueve al Hogar de Cristo. Y es, precisamente por eso, que estamos reorientando nuestra estrategia social sobre algunas definiciones bien concretas.

A quiénes se preguntan por qué hemos tomado esta decisión, les respondemos que Chile ha cambiado.

Hoy es un país con mayor pobreza –por ingresos y multidimensional–, más diverso, con una población que envejece y una ciudadanía que exige participación y un Estado Social de Derechos. Este contexto obliga a las organizaciones de la sociedad civil a enfocarse en programas insertos en los territorios, que trabajen con las comunidades y potencien la autonomía de las personas que viven en situación de pobreza.

La institucionalización de las personas mayores en situación de pobreza, que tienen dependencia importante o total y requieren una atención clínica especializada, debe ser responsabilidad del Estado. Eso, entendiendo además que existe una tendencia mundial a la desinstitucionalización para los temas de envejecimiento, salud mental, discapacidad. Hoy es posible reconocer intervenciones mixtas y flexibles, que combinan lo residencial de corta estadía con lo ambulatorio, lo domiciliario y lo comunitario, y retrasan el ingreso de las personas a una modalidad residencial.

Ahí es donde nosotros como Hogar de Cristo estamos situados y seguiremos ampliando ese trabajo. Eso es lo que ya hacemos en nuestros conocidos PADAM y PAFAM, que son programas domiciliarios y ambulatorios preventivos, igualmente especializados, pero menos clínicos. El primero para adultos mayores y el segundo para cuidadoras (suelen ser mujeres) de personas con discapacidad mental.

En paralelo al proceso que vivirán Villa Giacaman y la residencia San Juan, crearemos otros dos PADAM, uno en Hualpén y otro en Los Ángeles, los que sumados atenderán a 60 adultos mayores en sus domicilios, logrando integrarlos y mantenerlos más tiempo activos. Actualmente, ya atendemos a 350 personas en ambas modalidades, siendo los PADAM los que concentran a 270 adultos mayores de la región. 

Aunque, como sucede con todo cambio, lo resuelto puede generar desconcierto y resistencia inicial, sabemos que es la manera correcta de hacer bien el bien en este nuevo Chile.

Cecilia Ponce

Subdirectora de operación social territorial del Hogar de Cristo Región del Biobío


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