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Opinión

¿Quo vadis Chile?


 Por Mario Morales Burgos, Profesor

MARIO MORALES DAEM 2019 (32)

Esta enigmática pregunta nacida en el corazón del cristianismo Romano, en tiempos complejos, donde la fe y las convicciones se desvanecían, vale recuperarla en estos momentos de nuestra historia, para buscar respuestas, nuevos ideas y caminos, que nos permitan recuperar la convivencia, los acuerdos, la seguridad, el diálogo y el reencuentro pleno entre chilenos y chilenas.

En este análisis no hay ninguna intención de hacer prevalecer una posición política, que aunque la tenemos, prescindiremos de ella para enfocarnos en procesos y fenómenos sociales que nos han traído un cúmulo de nuevos problemas, los cuales exigen, también, nuevas formas de enfrentarlos y superarlos.

Es necesario recordar que la historia republicana y democrática chilena se funda en los mejores principios libertarios de Europa, recogiendo, también, las proclamas de libertad y justicia bajo las cuales surge la Revolución Francesa y también la Americana, difundidas en nuestro continente por el accionar de prohombres iluminados que lograron encender la llama emancipadora y el nacimiento de nuevas Repúblicas, que de inmediato empezaron a construir su destino. Chile nace inspirado bajo esta dinámica, instalando en América del Sur una tradición democrática admirable, que le permitió avanzar en su fortalecimiento social, implementando la educación y salud pública, y también toda la red de servicios que permitían atender a la emergente nación.  La modernidad y los nuevos tiempos fueron asumidos por la acción del Estado y la iniciativa privada, a través de una dinámica espontánea.

Impulsada y validada por el pueblo en su conjunto , la que fue interrumpida por la dictadura militar el 73, para instalar un nuevo modelo, a sangre y fuego, trayendo un tipo de desarrollo concentrado en una escandalosa minoría, pero que sin embargo , permitía mostrar llamativos índices de crecimiento, que concitaban la atención extranjera. El retorno de la democracia permite restablecer algunos de los derechos fundamentales, pero se continúa inspirado trabajando bajo el mismo modelo subsidiario, dejando ocultas las dificultades que se generaban por la inequitativa distribución del ingreso, creando así más pobres, que de repente despiertan de su marasmo, movilizándose y exigiendo un nuevo trato social. Este fenómeno culmina con el estallido social, dejando en evidencia los problemas que aquejan a la gran mayoría de los chilenos y chilenas.

Lo anteriormente expuesto, anotémoslo como el primer componente de nuestro análisis y que, por cierto, representa un problema de compleja solución.

Ahora bien , para avanzar en nuestra reflexión se hace necesario incorporar otros hitos relevantes como el no olvidar que pertenecemos a este nuevo mundo , heredado de los resultados de la guerra fría, que nos hace habitar , o al menos creer que podemos transitar de lado a lado , porque en la globalización se abren las fronteras y se fundan sociedades , de carácter económicas , donde las pérdidas y las dificultades siempre las pagan los socios más chicos y más pobres , obligándonos a establecer relaciones con el mundo , para evitar el riesgo de transformándose en un isla donde la sobrevivencia sería casi imposible . En medio de este escenario, ha transcurrido la historia político-social reciente de Chile, desde mediados del siglo pasado hasta hoy, generando muchos miedos y amenazas de autodestrucción por el abuso, violencia, desigualdad social, el enorme daño al medio ambiente, y por último, el apocalipsis mundial de la guerra nuclear.

Este es el Chile y el mundo en que vivimos, trabajamos y soñamos, es en esta coyuntura de la humanidad donde debemos hallar las formas de resolver nuestros problemas, buscando siempre el bien común, asegurar e institucionalizar los derechos fundamentales y mejorar la calidad de la política y el diálogo social.  Cuando observamos que nuestras acciones y esfuerzos no se concentran para alcanzar estos objetivos resulta válido preguntamos: ¿Dónde vamos Chile?, que ya casi no nos reconocemos ni encontramos el buen camino para seguir el curso de la vida y de la historia.

Mario Morales Burgos, Profesor


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