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Opinión

Amigos y amiguismo


 Por Alejandro Mege Valdebenito.

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 “Es difícil tener como amigos a todos; basta con no tenerlos como enemigos.”  Séneca.

A muchas  personas nos gustaría tener varios amigos, verdaderos amigos, no solo conocidos, para compartir ideales de sociedad y de vida y crecer juntos en la construcción de una sociedad más justa e igualitaria– así como dice la canción: “Quiero llevar este canto amigo/ A quien lo pudiera necesitar/Yo quiero tener un millón de amigos/ Y así más fuerte poder cantar”- y mantener una relación afectiva, edificada   en la empatía, la sinceridad, la lealtad, el respeto mutuo y el compromiso, donde los amigos no se aprovechen del poder, la posición social o política del amigo para obtener cargos o beneficios personales de algún tipo, menos si se hace desplazando a personas con mayores méritos que, por no formar parte del círculo de amigos cercanos de quién tiene el poder para favorecerlos, son excluidos, aun cuando el desempeño del “amigo”, cuya condición de tal lo constituya haber sido compañeros de la infancia,  haber estudiado juntos, compartir igual  ideología política, similar posición social, profesional o de otro tipo, sin considerar las condiciones objetivas para el cargo, resulta deficiente, poniendo en peligro no solo la credibilidad, la ecuanimidad, incluso del sentido común de quién le favoreciera con un nombramiento o designación de privilegio. El amigo incorporado en un cargo que no  procede como era de esperar, está traicionando la confianza depositada en él para desempeñar una tarea, más si lo hace en representación del gobierno.  Cuando la amistad se trastoca en una forma de “amiguismo” (incluso nepotismo) y la designación ocurre en un cargo del ámbito privado, las consecuencias  tienen un impacto menor que cuando se produce en el ámbito de lo público, como ocurre en la función de gobierno que, directa o indirectamente, afecta la vida en sociedad, incluso impacta en la política y en las relaciones internas y externas de un país.

Los verdaderos amigos mantienen una relación sana que genera confianza, afectividad,  empatía y compromiso, asumiendo cada amigo la responsabilidad de no cumplir a cabalidad y lealtad con  la tarea que le fuera encomendada, reconociendo las deficiencias cometidas, agradecer la oportunidad que tuvo y dejar el cargo, incluso antes que se lo pidan, si se es consciente de un desempeño poco afortunado o negativo para el gobierno que representa. Esa es la  lealtad de aquellos amigos que lo son de verdad.

El “amiguismo” (“enchufe”,  en España; “palanqueo” en Venezuela),  es contrario a la meritocracia y muchos gobiernos y gobernantes reciben acusaciones de amiguismo ya que en esa práctica se encuentran involucrados recursos del erario público y se olvida que “la política no es un acuerdo entre amigos que se distribuyen puestos por el poder alcanzado” y que la transparencia en la función del Estado es el mejor respaldo del accionar de un gobierno democrático y del  recto ejercicio del poder.

El amiguismo en política es la causa de muchos conflictos, debilita a la autoridad y cede espacio  para que opere la corrupción, la inmoralidad y el nepotismo. La habitual práctica del amiguismo ha llevado a los distintos gobiernos a tener problemas y debilidades en los nombramientos en  jefaturas de servicios, empresas del Estado, subsecretarías, embajadas  u otras funciones de carácter púbico. Los verdaderos amigos  tienen la capacidad de reconocer si cuentan o no con las capacidades, competencias y el compromiso para desempeñar o no un cargo que pide o se le otorga, demostrando con ello una actitud ética que los distinga.

Alejandro Mege Valdebenito.


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