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Carta de una niña a su padre


 Por Luis Rozas Mardones Psicólogo

En esta sencilla prosa, quiero interpretar el sentir de tantos hijos o hijas por su Padre, en presencia o en ausencia, en realidad o en recuerdo, con mucho respeto y empatía, dedico estas palabras a ti, que hoy detienes tu marcha, para dedicar unos minutos a reflexionar acerca de ti mismo como Padre.

“Los ojitos pequeños llenos de esperanza lo contemplan mientras su gruesa figura, le devuelve una mirada devota, colmada de amor, de ese que no se habla, transmitiendo con dulzura, ese amor que no está escrito en ningún lado, pero que esa inocente mirada refleja con intensidad.

De pequeña ella era testigo de cómo un ser gigante, se ausentaba todo el día, saliendo en la oscuridad, llegando tarde, con su rostro y cuerpo cansado, pero siempre dispuesto para brindarle su atención, su cariño y sus cuidados, jugando juegos de niña y risas pordoquier, hasta ser vencido por el sueño.

Él siempre estuvo presente en esos momentos difíciles, alegres e importantes, hablo de su papá, ese que se las arreglaba para decir acá estoy, a veces en persona y otras con un sutil mensaje en la libreta o al celular, para demostrar con cosas sencillas, lo mucho que le importabas, no importa que no sea quien le regaló su genética, porque padre no solo es el que engendra, padre es el que nos cría.

Al tiempo, lenta e inocentemente su mente de niña, descifraba los esfuerzos de su papá por acompañarla, apoyarla y ser ese héroe sin capa, a costa de su propio desgaste, “que nada te falte”, era su lema…ese es su hombre súper humano, es su héroe personal, que tiene un corazón más grande que su alma, el que siempre está disponible para ella.

Más tarde, en su caminar por la vida, cuando comienza a florecer, encuentra en su padre una nueva y divertida versión, donde reina esa complicidad, de las cosas triviales y complejas, esa comunicación sin hablar, llena de gestos e intenciones, ese referente más humano, pero también más cercano, el tiempo hace lo suyo, ya sus pasos no son veloces, pero despunta vida a cada momento, es un padre más amigo, más cercano, que la entiende más.

Hoy, ya grande, los misterios de la vida, desfilan frente a sus ojos, el pelo canoso de ese otrora héroe joven, dejan ver el paso del tiempo, ya no es la persona fuerte, ni la energía le sobra, ya no puede tomarla en sus brazos, pero sin embargo, su espíritu es incondicional a ella, entregando lo mejor de sí cada día, abundan en sus relatos historias, que empiezan diciendo…te acuerdas cuando tú eras chiquitita!

Y así pasa la vida, rápida como un rayo, dejando sombra en el corazón de adulta, hoy, que ya no está a tu lado, su alma infantil lo busca incansable, lo llama, lo piensa y lo encuentra solo en los sueños, recordando como cuando ella más lo necesitó, ese guardián de carne y hueso estuvo para ella, hoy la cuida desde el cielo, viviendo en su corazón, pudiendo verlo cada vez que se mira al espejo y aunque ya no estén juntos, seguirá siempre con ella, unidos con hilos de oro, por el amor infinito, que solo un verdadero papá puede dar”.

Hecho este corto camino, solo queda pensar en la importancia del presente, en cuanto podemos hacer hoy por amar o celebrar a nuestro papá, no importa si él llegó tarde o temprano a nuestros días o si su carnet no es similar al tuyo, pero sintiéndonos orgullosos de su existencia y su legado, ese que es el responsable de lo que somos hoy y seremos mañana, que no sea tarde cuando le confesemos nuestro amor, no nos lo guardemos, ya que esa persona otrora imponente, estuvo contigo en tus triunfos, fracasos y en toda tu vida, entreguémonos al amor y no nos cansemos mucho de decir “papá te amo”, creo que por algo, el Dios Padre, escogió la mejor profesión del mundo y esa es precisamente ser papá. ¡¡Que tengas un día maravilloso!


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