lee nuestro papel digital

Opinión

Abdicando a la nación moderna


 Por Daniel Nieto Orriols. Director Licenciatura en Historia U. Andrés Bello, sede Viña del Mar

Daniel-Nieto-UNAB700

Aunque la propuesta de constitución no está terminada, los artículos aprobados centrales en el modelo político y en las definiciones de lo que se espera sea Chile, dejan en claro la pérdida de una oportunidad para avanzar en lo que era una instancia de cohesión social o, como se ha señalado: “la casa de todos”.

Por lo que se percibe, ello resulta de un abandono de la argumentación y la sana persuasión, propias de la democracia, y propone un retroceso a nociones y modelos sociopolíticos premodernos que en nada benefician la unidad. 

Un claro ejemplo es la definición del Estado de Chile como plurinacional, concepto no solo arriesgado por su ambigüedad, sino porque centra su atención en las diferencias y no en las convergencias propias de las democracias modernas.

Lo perciban o no, los convencionales han abandonado uno de los principales triunfos de la modernidad: más allá de las particularidades y diferencias legítimas de cada miembro o grupo, la nación se construye desde la condición ciudadana, estatus cívico que otorga igualdad frente a la ley y que consolida la pertenencia a una comunidad política congregada para la prosecución del bien común.

Cabe recordar que es precisamente la democracia liberal la que consagró la libertad de los ciudadanos y, luego, con la experiencia histórica, la concreción de sus derechos. Tal y como está aprobada, la plurinacionalidad implica abdicar a dichos avances.


  • Compartir:
lee nuestra edición impresa
NEWSLETTER

opinión

lo más leído

NEWSLETTER
logo-ediciones-anterioes