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La Tribuna
Columnista

Bajo un mismo cielo

Alejandro Mege Valdebenito

por Alejandro Mege Valdebenito

La tierra proporciona lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no la codicia de cada hombre.

Mahatma Gandhi.

Ante las voces de alarma planteada por miembros de la comunidad nacional y mundial, de organizaciones como el G-20, que reúne el grupo de países más poderosos del mundo que representan el 85 % de la economía mundial y la Cop 26, Conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático reunidos para combatir su impacto en las economías y en la vida de los seres vivos y en el planeta, situación de la que no todos tenemos consciencia ni menos preocupación alguna, el filósofo chino Zhao Tingyang (1961...), autor del libro Tianxia: una filosofía para la gobernanza global, afirma que no es el planeta el que se está contaminando y destruyendo y que con lo único que estamos acabando es con el mundo humano y con el bienestar de un número importante de especies - algunas de las cuales han sobrevivido- que han tenido la mala suerte de coincidir con el ser humano en el mismo tiempo y espacio. Es el mundo humano, expresa, es el que se encuentra en peligro, y si eso no nos importa, a nadie le va a importar. Lo que se estamos destruyendo son las condiciones en que se desarrollan nuestras vidas.

Es el efecto de las actividades humanas, la explotación indiscriminada de los recursos naturales y la contaminación ambiental lo que produce el colapso climático y que condiciona las actividades productivas, que tanto preocupa a los países industrializados y que impacta en la calidad de vida de las personas. Si bien el ser humano ha evolucionado desde una etapa de cazador y recolector hasta alcanzar el espacio exterior, no le ha sido posible construir una comunidad de bienestar colectivo y en paz que no se base en la amenaza o en la intimidación.

En Tianxia, que significa lo que hay bajo el cielo, su autor propone una sociedad humana mundial ya que en materia de política internacional no existe la lealtad ni nada que se le parezca. Ni siquiera la religión o una cultura compartida garantizan nada. No hay un enfoque mundial: es un sálvese quien pueda.

Para alcanzar la construcción de una comunidad humana mundial, como lo propone la filosofía china, y estar todos bajo el mismo cielo primero deberíamos, a lo menos, intentar edificar una comunidad humana nacional y tal como están las cosas, eso parece una tarea imposible y los hechos que estamos viviendo lo confirman a diario. Estar bajo un mismo cielo no significa pensar lo mismo ni dejar de tener sueños ni ideales propios más, cualquiera que fueran éstos no se pueden imponer sobre los ideales de otros y menos por la amenaza o la fuerza de transitorias mayorías, que suelen cambiar de signo con frecuencia, como ocurre con algunos líderes que mutan sus convicciones declaradas, sus compromisos libremente contraídos y, sin el menor rubor se cambian de vereda política e ideológica solo por intereses personales, renunciando, incluso, el respeto que se deben a sí mismos, pero que esperan seguir manteniendo el reconocimiento y apoyo de sus electores a quienes se les debe una explicación que no sea aquella que lo hacen porque, con su deserción y voltereta, buscan alcanzar el bien común, promesa en la que ya nadie cree.

Existe, ya no solo la creencia, ahora la convicción, que en la elaboración de una Nueva Constitución, nuestra casa común, bajo un mismo cielo, los extremos ideológicos que participan en ella, la mayoría en representación de sus partidos políticos, quieren imponer sus particulares proyectos de sociedad y de las normas que la regirán y se acusan mutuamente de hacer que la Convención fracase. Lamentablemente los convencionales serios, responsables y bien intencionados que aportan el sentido común, se encuentran en minoría. La fuerza, equivocada o no, se impone.

El filósofo Zhao Tingyang no deja de tener razón, el mayor problema del planeta es el peligro en que se encuentra el mundo humano donde no hay honor ni lealtades, solo la búsqueda del poder sin importar los medios y son los medios que utiliza los que provocan el colapso del medio ambiente cuando lo único que importa es el desarrollo de las economías aunque haya que sacrificar el desarrollo humano.

Ojalá las conferencias del G-20 y la Cop 26, logre acuerdos que se cumplan.

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