lee nuestra edición impresa

Opinión

Cartas para el futuro X: descentralización y desconcentración


 Por Bryan Smith, director de Estrategia y Desarrollo de Observa Biobío

Bryan Smith (20)

Desde hace casi dos siglos (Constitución de 1833), Chile arrastra el problema de la concentración del poder político en la ciudad capital (Santiago), sostenido en el Estado Unitario, que a su vez se funda en el relato de que somos un solo pueblo, una sola nación. La verdad es que Chile se compone de varios pueblos y varias naciones, las cuales deben participar en el proceso de las políticas públicas y que no por existir, desconfiguran lo que entendemos como Chile.
Por el contrario, en un mismo territorio pueden convivir distintas naciones y distintos pueblos, componiendo un solo país, pues, de todos modos, tenemos una historia común que no es borrable, pero sí es menester que nos miremos, nos reconozcamos, reconozcamos nuestra historia y nos preguntemos sinceramente: ¿Hacia dónde queremos ir? ¿Cómo debe estar equilibrado nuestro Estado? ¿Dónde queremos estar en 30, 40 o 50 años?
Hoy, la creación del cargo de Gobernador Regional, el cual es elegido democráticamente, comienza por fin, después de casi 200 años, a mostrar una luz al final del túnel. Pero el asunto no acaba ahí porque va más allá de la política partidista y eleccionaria. Esto apenas acaba con el problema de la distribución del poder del Estado dentro del territorio para con su propia estructura, dejando pendiente algo aún más importante… la democratización de los procesos y el traspaso de competencias a la ciudadanía.
La descentralización hace referencia a la toma de decisiones desde una perspectiva geográfica, lo cual se resuelve trayendo la toma de decisiones a las localidades, de cara a sus propios problemas y determinando su propio presupuesto y herramientas –dentro de un marco presupuestario de nivel país, claro está–, pero aun así, existe y sigue existiendo una concentración de poder, pues todo este proceso queda relegado en desproporcionada medida a las autoridades, remitiendo la participación ciudadana a la mera elección de dichas autoridades y, de vez en cuando, una pequeña y mezquina participación como actor relevante, es decir, no se considera con fuerza la voz de la ciudadanía porque solo puede elegir autoridades para que estas decidan prácticamente todo en su nombre.
Una verdadera descentralización y desconcentración de poder solo puede darse en la medida en que la ciudadanía tenga espacios de participación clave en la toma de decisiones respecto a lo que sucederá en su territorio, es decir, que los pueblos decidan lo que sucederá en su territorio –políticas públicas–, y para eso es necesario contar con herramientas legales que faciliten los mecanismos democráticos que validen y posicionen la opinión de la ciudadanía como la voz última, “la que corta el queque”. Así también, es necesario entender que si bien somos varios pueblos, componemos un solo país y debemos tener leyes comunes.
Iniciativa ciudadana de ley, consulta ciudadana, consulta institucional –para organizaciones de la sociedad civil competentes– y plebiscitos vinculantes locales, entre otros mecanismos, deben sí o sí estar considerados en la próxima Constitución de Chile.
Comencemos a abrir el paradigma de la representación indirecta y confiemos en las capacidades de la ciudadanía, pues es ahí, en la visión de la gente, donde vive la verdadera descentralización y desconcentración del poder que nos puede encaminar hacia un buen futuro como el país plurinacional, el pueblo constituido por varios pueblos que somos nosotros, Chile.

lee nuestra edición impresa

  • Compartir:

opinión

lo más leído

logo-ediciones-anterioes