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Opinión

La crisis migratoria de Colchane


 Por Dra. Dafne Taroppio Académica del Campus Los Ángeles de la Universidad de Concepción

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Hace poco visité Colchane, un poblado correspondiente a la región de Tarapacá, en la frontera con Bolivia.
Este pueblo tiene aproximadamente 300 habitantes, sin embargo, en febrero de este año, la creciente cantidad de inmigrantes llego a 1.800 personas, que en su mayoría provenían de Venezuela.
No exagero al decir que en mi paso por Colchane vi alrededor de 100 personas cruzando la frontera, la mayoría a pie.
La migración no es un fenómeno nuevo: su historia se remonta a la antigüedad, pero la crisis migratoria que se vive en la localidad nortina es insegura, con dificultades y pérdidas humanas.
Cuando logran llegar a Colchane, después de realizar su autodenuncia ante Carabineros, el objetivo de una buena parte de ellos/ellas no es permanecer ahí, sino llegar a Iquique, a 237 km de distancia, para luego continuar el viaje a diversas ciudades de Chile.
Permítanme hacer una breve descripción de la ruta. Este es un viaje por paisajes imponentes y agrestes. Las condiciones climáticas son extremas, con un clima desértico que marca una oscilación térmica violenta entre el día y la noche.
En el camino se observan personas caminando por la única carretera, donde transitan una gran cantidad de camiones. Además, varias partes de la ruta se encuentran sobre 4.000 metros sobre el nivel del mar.
En la ciudad de Los Ángeles nos encontramos a 141 m de altitud. ¿Se imaginan lo que es caminar a 4.000 metros de altura?
Cada paso es difícil por la falta de oxígeno o hipoxia, y la mayoría camina días sin descanso. Muchos/as inmigrantes no están habituados a las condiciones de altura, sufriendo el mal agudo de montaña.
Conozco bien sus síntomas porque lo viví en carne propia: mareos, dolor de cabeza, fatiga, náuseas y vómitos.
En esta ruta han fallecido personas, mientras que otros/as han sido encontrados/as en el desierto perdidos/as.
Esta realidad devela la importancia de aplicar políticas migratorias planificadas en nuestro país, así como también la necesidad de cooperación internacional que involucre también a los países de origen y los de tránsito, con el fin de unir criterios sobre la migración en torno a un enfoque más humanitario.
Necesitamos encontrar soluciones a los problemas migratorios y ofrecer asistencia humanitaria a los/las migrantes que lo necesitaren, destacando por sobre todo los niños y niñas que han sobrevivido peligrosos cruces de fronteras y que llegan a Chile buscando un nuevo hogar.
Se trata de un momento decisivo para cuestionar también los estereotipos contra las comunidades de migrantes, porque la discriminación solo hace florecer la apatía, la indolencia y la falta de compasión.
Estamos viviendo tiempos de incertidumbre. Todo cambia a una velocidad vertiginosa, pero necesitamos un anclaje, una base para el encuentro humano, porque detrás de todos estos problemas se despliega un tema de humanidad y el respeto por la vida.

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