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Editorial

“Dar hasta que duela”


 Por Prensa La Tribuna

En homenaje al padre Alberto Hurtado, quien murió el 18 de agosto de 1952, se conmemora el Mes de la Solidaridad.  Es una oportunidad para rememorar su legado de amor al prójimo y entrega desinteresada. Para reforzar la acción social y labor comunitaria, presente todo el año y que hoy más que nunca es requerida.

Lo suyo fue pura organización social y sensibilización solidaria. Hoy sería posiblemente cuidar a esos que por su condición corren peligro; alentar las ollas comunes para evitar el hambre, tal vez levantar la voz para trabajar en respuestas sólidas, multisectoriales para afrontar la pobreza. Sería trabajar para el bien de todos y todas, de niños, jóvenes, adultos mayores, personas en situación de calle que han vivido en carne propia los embates de la pandemia; sería también un llamado a orar por quienes sufren en otros países, y por aquellos que no encuentran la paz. Y para ello pediría, como siempre, dar hasta que duela, porque eso es solidaridad y compromiso.

Su profunda fe, su personalidad envolvente y atractiva, su capacidad de captar el cambio ideológico y cultural del tiempo que le tocó vivir y la vehemencia con la que desempeñó un sinnúmero de ocupaciones a lo largo de su corta vida, hacen de él una figura única.

Tal como se describe, en Memorias de Chile, Luis Alberto Miguel Hurtado Cruchaga nació en Viña del Mar, en el seno de una empobrecida familia aristocrática. Cuando tenía cuatro años, su padre murió, quedando Alberto y su hermano menor al cuidado de la madre, junto a quien se trasladaron a Santiago, a casa de unos tíos.

Aunque desde muy pequeño su única vocación fue el sacerdocio, estudió Derecho en la Pontificia Universidad Católica, recibiéndose a los veintidós años. Solo días después de terminar esa carrera, ingresó al noviciado de los jesuitas en Chillán, iniciándose en la profesión que constituía su genuina vocación.

Las especiales características de su personalidad hicieron de él un influyente modelo para los jóvenes de la época, a quienes dirigió diversas obras entre las que se cuentan: Mensaje a los jóvenes e Influencia de los Medios de Comunicación en la Juventud.

Otra de sus preocupaciones fue la condición de vida de los obreros. Insistentemente, abogó por la sindicalización de los trabajadores como medio principal de mejorar su calidad de vida, de superar las desigualdades y de implantar un orden social cristiano.

Junto con los jóvenes y los obreros, su causa se dirigió al extremo más duro de la pobreza: la indigencia. El mismo repetía: “Acabar con la miseria es imposible, pero luchar contra ella, es deber sagrado”.     

Fue esta labor la que dio origen al Hogar de Cristo, consistente en hospederías y hogares de niños y ancianos que están en todo el país, y que constituyen la obra que mayor renombre ha dado al padre Alberto Hurtado y uno de los principales hitos en su biografía.

Su temprana muerte en 1952 producto de un cáncer, provocó la pesadumbre de muchos chilenos que hasta hoy recuerdan su vida y obra con cariño y devoción.

Precisamente, este recuerdo debe permanecer latente y su legado convertirse en una acción de vida, no solo en agosto, sino en cada día, mes y época del año. 

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