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Opinión

El origen del populismo


 Por Bryan Smith. Observa Biobío

Bryan Smith

El populismo es peligroso. Lo es porque conduce a los países de forma irresponsable hacia el desastre administrativo, lo cual se traduce, entre otras tantas fallas, en malas políticas públicas, impactando directamente en la vida de las personas. También en su afán por sostenerse en el poder, los populismos tienden a reprimir a la población, tachando a la oposición de traidores, indiferentes, enemigos del buen gobierno y el pueblo, etcétera. Encausando el odio de las masas y la fuerza de las instituciones sobre todo aquel que se encamine en la denuncia de los vicios populistas, todo bañado por un discurso que divide a la ciudadanía, definiendo culpables absolutos de todos los flagelos de la sociedad, prometiendo desde lo aceptable hasta lo imposible y definiéndose como la solución última a la mala política, desmarcándose de esta, algo así como: ¡Yo no vengo de ahí, soy un ciudadano común y corriente que se aburrió de ellos, los políticos y voy a acabar con toda la corrupción, no habrá más hambre, no habrá más pena y el pueblo tendrá todo lo que merece! , los mesías del pueblo, los iluminados, il Ducce, der Führer, el heredero de Bolívar… Perón.

Pero ¿Por qué los países decantan en los populismos? La historia nos ha demostrado que la ciudadanía opta por personajes populistas cuando la política tradicional se torna incapaz de solucionar, mediante las políticas públicas, las problemáticas sociales que por su rol debiesen abordar de forma eficiente: a desigualdad en las oportunidades, el costo a la vida insostenible y lo que es peor, la corrupción económica y moral a vista y paciencia de una ciudadanía ahogada en la tragedia del día a día.

En Chile, los gobiernos de los últimos 31 años, se vanaglorian de un progreso económico que solo se refleja en la suma macroeconómica, pero si bien las personas tienen más posesiones y acceso del que tenían en los años 80, la realidad en detalle es que todo esto sucede solo sobre una rueda económica doméstica que gira sobre el endeudamiento de ingresos promedio que realmente no alcanzan para el ahorro, posibilidad esencial para el progreso real de un país.

Como si esto fuese poco, la clase política goza de privilegios no aplicables al común de las personas: sueldos elevados, gastos exclusivos que salen de arcas fiscales, fuero parlamentario, posibilidad de relección infinita – recientemente limitada – y caso tras caso de corrupción mediante el tráfico de influencias, venta de votos en las cámaras, boletas ideológicamente falsas y vista gorda a las colusiones y la destrucción del medioambiente. Entonces ¿De quién es la culpa? Pues es evidente que la pésima conducta de la clase política está empujando a la ciudadanía a coquetear con figuras que nos pueden conducir a problemas graves.

Una buena pregunta para comenzar a comprender este drama es ¿Qué política pública trascendental se ha logrado en los últimos 31 años? Pues ninguna que podamos exportar, ninguna que otros países nos quieran copiar… ninguna que se haya presentado como un buen camino para transformarnos en una sociedad más justa y responsable, por el contrario, tan solo ahondaron un modelo impuesto en dictadura.

Quienes nos han conducido sin un rumbo común, no han tenido visión de futuro, no se adelantaron a nada y hoy la amenaza del populismo se hace presente y se encarna en personajes que no merecemos.

Chile puede más, pero los políticos chilenos no dan para más, porque eligieron deliberadamente la cultura política de la trinchera… la del poder por el poder en vez de gobernar por un mejor Chile.

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