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Opinión

Manuel Baquedano y Los Ángeles


 Por Luis Enrique Garretón. Ingeniero, investigador histórico

Garreton Luis

En medio del debate nacional sobre la figura del general Manuel Baquedano, donde diversas personalidades, tanto políticos como académicos, diversas organizaciones, entre otras, declaran su visión e interpretación respecto de la actuación de este militar en sucesos de la historia de nuestro país, nos encontramos con que – y no solo en el caso de Baquedano –  al parecer ya se ha hecho costumbre medir los principios, valores y contextos de épocas pasadas con la vara moral del presente, juzgando a dichos personajes o hechos históricos, para adecuarlos al interés ideológico actual. En esta ocasión no se hará un análisis de la vida militar del general Baquedano, ni tampoco de su obra, sino que daremos algunos antecedentes que lo relacionan con la comuna de Los Ángeles, al igual que tantos otros personajes de la historia nacional.

Manuel Baquedano (1823 – 1897) fue un hombre de su época, con la visión de su tiempo, un patriota, que con tan solo 14 años se embarcó hacia Lima como soldado voluntario, en el conflicto contra la Confederación Perú-Boliviana (1838) – haciendo la cimarra a sus padres don Fernando Baquedano (general de Ejército) y doña Teresa González. De esta manera, y habiendo participado valientemente como alférez en la batalla de Yungay (1839), obtiene el grado de teniente, sin embargo, a los pocos años, y con el grado de mayor, a los 28 años se retira del servicio activo, para dedicarse a las labores agrícolas, el lugar escogido, Los Ángeles. 

En efecto, el joven y desconocido Manuel Baquedano, en 1854, con sus ahorros le compró un terreno al general Manuel Bulnes, ubicado en el territorio llamado “Isla de la Laja” lo que es hoy parte de la comuna de Los Ángeles, entre el río Huaqui y el río Laja, al cual en honor a su madre lo nombró “Santa Teresa”; la propiedad quedaba al sur del Salto del Laja, en el sector del cerro Guanacos, perteneciente a la antigua Delegación Los Guanacos de este Departamento de la Laja. De esta manera, Baquedano trabajó la tierra logrando posicionar al poco tiempo, uno de los fundos más ordenados y productivos de la provincia.

Luego de cinco años de labor agrícola, en 1859, el hacendado de Los Ángeles interrumpió sus actividades, dejando su poncho de lado y descolgando su sable, para acudir en calidad de mayor, al llamado del Ejército en la batalla de Maipón, ocurrida el 12 de abril de dicho año. Una vez realizada la misión, Baquedano vuelve a sus faenas en Santa Teresa, el soldado labrador continuaría con su apacible vida durante 10 años más, sin mayores ambiciones más que la tranquilidad y dedicación hacia esta tierra fronteriza, de acá habrían procedido sus dos buenos caballos chilenos como el “Diamante”, el más conocido, y el “Caliboro”, nombre que le habría dado por el sector y río aledaño. Según registros de principios del siglo XX, dicha propiedad – con el mismo nombre – pertenecía por esos años a Ramón Benítez, convertida en una gran hacienda de 2.100 hectáreas, tasada en $200.000, dedicada a la crianza y engorda de vacunos.

Luego de que el general Manuel Baquedano participara en la Ocupación de la Araucanía y en la Guerra del Pacífico, volvió nuevamente a la zona; de eso quedó evidencia en la inscripción de propiedades y otros trámites hechos en el Conservador de Bienes Raíces de Los Ángeles, los cuales se encuentran actualmente en el Archivo Nacional; por ejemplo la compra de un predio en 1869, a Rafael Larraín y Joaquín Prieto, un compra realizada a Vicente Reyes, en 1885, Mutuo Hipotecario con la Caja de Crédito Hipotecario, en 1886, entre otras declaraciones. Además, en el mismo Archivo Nacional, existe registro de que ocupó, en algunas ocasiones, el cargo de intendente (interino) de la Provincia de Biobío en Los Ángeles.

Por último, cabe destacar que su hermano, Alejandro Baquedano, también militar, tuvo una activa vida social en nuestra ciudad a fines del siglo XIX y principios del XX, siendo partícipe en la creación de la Municipalidad de Los Ángeles, por medio de la “Ley de Comuna Autónoma”, fue comandante del Cuerpo de Bomberos, formó parte del primer directorio que creó el Liceo de Niñas, y también administrador del Hospital San Sebastián, a través de la Junta de Beneficencia.  

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