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Opinión

La educación que no se tiene


 Por Alejandro Mege Valdebenito.

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“La educación es lo que sobrevive cuando todo lo aprendido se olvida.” B.F. Skinner

En agosto de este año el Secretario General de la ONU advirtió que “La pandemia del Covid-19 ha provocado la mayor interrupción de la educación”, catalogando el efecto de la pandemia como una “catástrofe generacional” por el efecto que tendrá en el futuro de las generaciones de relevo el hecho que al mes de julio se habían cerrado escuelas en 160 países, afectando el proceso educativo de más de mil millones de estudiantes y que al menos cuarenta millones de estudiantes del nivel preescolar han dejado de recibir educación, al mismo tiempo que enviaba un mensaje de video para la campaña “Salvemos nuestro futuro”.

Lo sabemos muy bien; lo saben y lo han experimentado los profesores y las familias, el enorme esfuerzo que han tenido que realizar para entregar una educación a distancia que ha sido débil e incompleta, que está muy lejos de la que se impartía en situaciones normales en nuestro país por el impacto que la crisis sanitaria ha provocado en todos los sistemas educativos. Crisis que ha dejado al descubierto las debilidades y carencias de nuestro sistema educativo presencial, sin capacidad para enfrentar una situación emergente como la pandemia donde la población escolar más carenciada ha sido la menos atendida, siendo el nivel preescolar el que ha sufrido la más baja y hasta nula atención. Para enfrentar el desafío educativo provocado por el Covid-19 al sistema escolar se le encontró con una falta de recursos materiales y tecnológicos así como de preparación de la gran mayoría los alumnos y un número no menor de los docentes en el uso de la tecnología para  recibir e impartir clases de manera remota, provocando un impacto en la vida familiar por las dificultades para asumir parte de la tarea educativa que estaba asignada a la escuela.

Por otra parte, educadores, pediatras, psicólogos, psiquiatras, doctores en medicina y en neurociencia así como otros especialistas en desarrollo humano concuerdan en que “nadie puede sustituir a la humanidad del maestro en el aula”, destacando la importancia del apego emocional que se crea con y entre los estudiantes en el ámbito presencial, lo que no se logra en un proceso educativo a distancia. Situación que afecta en mayor medida a los estudiantes con déficit atencional y trastornos de aprendizaje, como lo relata una paciente atendido por el psiquiatra infanto juvenil, doctor Sergio Canals: “A través de la pantalla, no sé si la persona siente lo que yo siento. No está el cuerpo. Se habla con una pura cabeza. Uno se expresa con el cuerpo. Se habla con una pura cabeza. Los humanos somos de sentir. Los humanos somos de actividad corporal. Frente a la pantalla no me siento viva”.

Frente a este panorama de la educación en pandemia, profesoras y profesoras han tenido que adaptar al mínimo los contenidos del programa de estudio con la presión psicológica que les significa tratar de cumplir con el rol que los padres y la sociedad espera de ellos, lo que les ha provocado estrés y desaliento, conscientes de las debilidades del proceso educativo de modo telemático, reconocimiento del que también experimentan algunos alumnos del último año de educación media de la educación municipal cuando le plantean a sus profesores repetir curso por sentirse mal preparados para “competir” por el ingreso a la educación superior con sus pares que han tenido un proceso educativo con mayores recursos y mejores medios.

Es indiscutible que la mayor preocupación de la comunidad es el combate contra la pandemia y el cuidado de la salud y la vida de los escolares, siendo válida y legítima la posición de quienes se oponen al ingreso a clase presenciales. Posición, sin embargo,  que no se puede imponer a todos y se debe respetar a quienes, con todas las medidas administrativas, sanitarias y de protección optan por volver a clases presenciales que se estima insustituibles, conscientes que nadie quiere sacrificar a los escolares, todo lo contrario. Frente a una decisión tan sensible deben ser las familias quienes decidan.

Al no haber certeza que la pandemia nos abandone en el corto plazo, la pregunta es: ¿Cuál es el plan que han concordado las autoridades públicas y políticas y de las organizaciones gremiales y sociales para enfrentar el próximo año escolar, especialmente del sistema público? Los alumnos lo esperan.

Especial Coronavirus

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