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Opinión

Manejo de peleas de niños


 Por Paula Fuentes, directora Carrera de Pedagogía en Educación Básica, Universidad de Las Américas

Paula Fuentes

Las peleas entre hermanos son comunes, naturales y parte importante de su desarrollo, pues con ellas aprenden a comunicar, negociar e incluso constituyen un buen terreno donde ejercitar la empatía y autorregulación. Asimismo, permiten ponen a prueba la capacidad de argumentar una idea o de refutarla, aprenden a ceder y a exponer puntos de vistas, y así como a escuchar y ejercer su derecho a ser escuchados.

Estas son habilidades sociales que se adquieren primero en el seno familiar. Enseñar a gestionarlas es clave para que, en tiempos de confinamiento, la convivencia entre hermanos se vea menos friccionada, al menos hasta cuando tengamos la seguridad de que el camino está pavimentado para que la discusión se genere en un ambiente de respeto y escucha mutua.

Cuando se presenta la pelea, lo primero que debemos hacer es separarlos y pedirles que se calmen para que puedan hablar entre ellos, ya que cuando hacemos esto le permitimos que sus cerebros logren traspasar la información de la reacción a la razón, es lo que conocemos en lenguaje coloquial como “respira profundo y cuenta hasta 10”. Posiblemente hay niños que necesiten contar menos y otros más para llegar a calmarse.

Todos queremos que nuestros hijos lleguen al esperado acuerdo o, en nuestra impaciencia, pensamos en decidir nosotros la solución más salomónica al conflicto. Sin embargo, con ello solo descomprimimos el momento y no educamos para la vida. Al igual que a los niños sugiero pasar de la reacción a la razón, respirando profundo y usando una voz calmada, pero con determinación. Esto permitirá que la forma de solucionar un problema tenga más peso que el problema mismo y, posiblemente, los gritos y peleas vayan desapareciendo.

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