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Opinión

Una sociedad en blanco y negro


 Por Alejandro Mege Valdebenito.

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En oftalmología la acromatopsia es una patología que suele ser de carácter congénito que hace a las personas ver  las cosas en colores  blanco o negro, con tonalidades de gris; patología que también se da en el ámbito social  en la relación y convivencia entre las personas, donde la mayoría de los problemas, particularmente los más importantes, se ven  y se tratan de solucionar desde una postura de blanco o de negro, de manera radical, intransigente o sumisa, a lo más con algunos  matices de gris, que se inclinan hacia uno u otro lado, según se identifiquen con el negro o con el blanco, ya sea por propia voluntad o por voluntad ajena, como suele ocurrir en política entre la elite que dirige y los dirigidos.

Si bien es aceptable y legítimo que una persona pueda argumentar y sostener su visión de mundo y de sociedad y de la problemática que la afecta por estimarla ser la mejor o verdadera –y, aunque así fuera- no es aceptable imponerla a otros y menos por la fuerza o atribuyéndose una superioridad intelectual o moral, menos aun cuando su posición, que considera irrebatible, provoca exclusión o causa daño a quienes sostienen una posición distinta o no tienen ninguna.

Con esta visión y posición frente al acontecer de la vida en sociedad, que divide a las personas en buenos y malos; en sabios e ignorantes; en amigos o enemigos; en visionarios o ciegos; en capaces o incapaces; entre los que aceptan todo y quienes lo niegan o desconocen todo; entre los que militan en la derecha o la izquierda (los del medio pueden optar por matices entre lo blanco y lo negro, de acuerdo con lo que más les interprete o convenga); entre los poseedores de la verdad y los equivocados; entre los que hablan más fuerte y los que callan, entre los convencidos y los indecisos; entre los que tienen el poder y quienes tienen que aceptarlo (y muchas veces sufrirlo); entre los creyentes y los librepensadores; entre los cultos y los analfabetos, en fin, una larga lista de contrastes entre lo blanco y lo negro, como: “si no estás conmigo, es porque estás contra mí”.  De modo que, si no te ubicas en alguna de éstas posiciones es porque no eres “no chica ni limonada”, ya que para los que discurren en blanco o negro, los independientes, aquellos que ven el mundo a través de una policromía de colores más diversa y amigable, que reflejan la diversidad humana en todas su dimensión y la aceptan,   no existen, ni siquiera para pensar por sí mismos.

El ver el mundo social y los fenómenos que le ocurren, observados y actuados solo con una visión en blanco o negro, se afecta la convivencia, impide visualizar opciones e, incluso, paraliza el desarrollo y el progreso, cuando no se logra el consenso o no se quiere alcanzar al no reconocer que, tanto en la mirada en blanco como en negro, así como en los grises, existen propuestas dignas de ser dialogadas y consensuadas más, cuando se habla del tan manoseado, pero nunca alcanzado “bien común”.

Asumir la realidad de los problemas que afectan, de una u otra manera, a todos con una visión de blanco o negro por creer, tanto los unos como los otros, que ser poseedores de la verdad es un privilegio que les fue reservado, muchas veces revelado, descalificando a quien piense o actúe en contrario, constituye un mecanismo de defensa comúnmente utilizado cuando no hay argumentos que respalden una determinada posición la que, a la postre, resulta ser  una forma de arrogancia ya no solo en blanco, negro o gris, sino que  de ceguera ante la realidad social.

Resulta entonces que, quién pretenda ver la realidad que se vive de modo objetivo e imparcial, en una gama más amplia de colores, se le califica de desinformado, sin ideas (cuando son los de un lado u otro quien lo afirma), que no se sabe para qué lado “chutea” ideológicamente; por tanto sus ideas o propuestas no son dignas de ser consideradas.

La diversidad de visiones y la pluralidad de ideas se deben considerar cuando se quiere tener un proyecto de sociedad mejor para todos y no solo para unos pocos, con más justicia y equidad; con mejor salud, educación más formativa que instructiva, trabajo más digno y con pensiones adecuadas. Un país de hermanos, tolerante y de aceptación de la diversidad, con una Constitución validada por la ciudadanía, que nos represente a todos, que permita un crecimiento y desarrollo con igualdad, con seguridad y en paz.

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