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Opinión

Bernardo O’Higgins y el pueblo Mapuche


 Por Luis Garretón Munita, Ingeniero, escritor. Secretario Instituto O’Higginiano de Los Ángeles.

Garreton Luis

A 242 años de su natalicio.

Es habitual que los historiadores al momento de analizar aspectos de la vida y pensamiento de O’Higgins, en general, se remitan a sus actuaciones en las batallas por la independencia, su legado republicano, geopolítico, entre otras. Sin embargo, los ámbitos en que el prócer desarrollo su vida fueron múltiples, sus diferentes facetas intelectuales, poco comunes para la época, fueron las que lo moldearon y convirtieron en un referente histórico a nivel latinoamericano de alcance global.

Una de esas dimensiones poco difundidas, fue su relación con el pueblo indígena. En efecto, el vínculo con la etnia comenzaría a forjarse desde temprana edad, al estudiar un par de temporadas junto a hijos de loncos mapuche, en el Colegio de los Franciscanos de Chillan. Posteriormente, y luego de estudiar en Lima, y estando en Inglaterra, comenzaría su admiración por los personajes mapuche de la época de la conquista, donde destaca la figura de Lautaro, en Londres tuvo a disposición la historia de las lejanas tierras del Chile que prácticamente no conoció, narrado en “La Araucana” por Alonso de Ercilla y en la “Historia General de Chile” del Abate Molina, libros facilitados por su maestro y mentor Francisco de Miranda, de quien recibiría finalmente – junto a Lautaro – su ideología revolucionaria; en consecuencia O’Higgins, plantearía el nombre de la logia que lideraría el proceso de emancipación, en homenaje a dicho militar mapuche.

El Libertador Bernardo O’Higgins llega a Chile en septiembre de 1802, a los 24 años de edad, pronto se estableció junto a su madre Isabel Riquelme y media hermana Rosa en la hacienda San José de Las Canteras, el extenso patrimonio heredado por su padre Ambrosio. Una de las primeras actividades importantes que realizó en torno al mundo mapuche, fue asistir al masivo parlamento de Negrete, en marzo de 1803, invitado por el comandante del regimiento de Los Ángeles y amigo de su padre, Pedro Nolasco del Rio, donde fue acompañado de su tío Manuel Riquelme. Con la autorización de dicho militar – administrador testamentario de Las Canteras – pudo ofrecer animales de regalo para alimentar a los asistentes, comprobando de tal manera el aprecio que los mapuche le tenían a su padre, fallecido un par de años antes. De esta forma, en Las Canteras, su vínculo con los mapuche se estrecha, el permanente contacto con ellos lo hacen aprender el mapudungun, donde producto de negociaciones y agasajos, alcanzó a conservar más de 500 ponchos – según inventario de la hacienda de 1810, hecho por él mismo en 1823 – en esos años era frecuente que algunos mapuche visitaran a don Bernardo en su casa, sentándose en el suelo a comer y a conversar, como es la tradición indígena. En lo íntimo y familiar, en la casa patronal trabajaba una sirvienta de origen mapuche, de nombre Patricia Rodríguez, quien fuera madre de su hija natural llamada Petronila Riquelme (La Petita), nacida en la hacienda hacia 1808.        

Una vez comenzada la guerra de independencia, vecinos mapuche-pehuenche de Las Canteras y otros de la zona del Biobío, se adhirieron a la causa, comprometidos personalmente con O’Higgins, tal fue el caso del destacado cacique Venancio Coñuepan, así, numerosos mapuche conformaron filas en el primer regimiento republicano de Los Ángeles, denominado 2º Regimiento de Milicias de la Laja, “Lanceros de la frontera”. Años más tarde, y una vez obtenida la independencia de la monarquía, el Libertador reconoció a las etnias públicamente, dándoles derechos, y un trato digno como indígenas no como “naturales”, manifestado en la proclama de hermandad y soberanía hacia los pueblos originarios al sur del río Biobío, del 19 de marzo de 1819.

Estos son solo algunos antecedentes respecto de la relación del Libertador con los pueblos originarios, y que influyeron en su pensamiento indigenista para la formación de un país pluri cultural. Esta dimensión ha sido puesta en un lugar secundario en los relatos históricos, debiendo influir en nuestra sociedad actual como un manifiesto de diálogo y de paz, tal como hace dos siglos, en la actualidad está recluida entre la historia no contada y anécdotas. Hoy, en el 242° aniversario de su nacimiento, don Bernardo O’Higgins Riquelme merece nuestro más sentido homenaje, reivindicando su legado ideológico de paz, justicia, y de igualdad de derechos, para un Chile sin exclusión.

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